¿Adorando en espíritu y verdad?

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Sin duda has escuchado la frase “hay que adorar a Dios en espíritu y en verdad.” Suena bonito y es una excelente exhortación – ¡hasta que nos damos cuenta que, por lo general, nadie lo explica! Nos dicen que debemos adorar a Dios en espíritu y verdad, pero no nos dicen qué significa ni cómo hacerlo.

Tanto nuestro espíritu como la verdad y realidad de quién es Dios deben estar presentes para que nuestra adoración honre a Dios.

El espíritu sin la verdad conduce a una experiencia llana, sobre-emocional y eufórica. Una vez cese la emoción cuando se va el momento  también nuestra adoración. Por otro lado, La verdad sin espíritu nos puede llevar a cierto tipo de legalismo, sin gozo y sin pasión.

La composición de ambos aspectos de la adoración nos lleva a una apreciación gozosa de Dios, a la luz de las Escrituras. Mientras más conocemos sobre Dios, más aspectos de Su grandeza podemos adorar. Mientras más conocemos, más profunda será nuestra adoración. Mientras más profunda nuestra adoración, Dios es más glorificado.

Es la verdad, y sólo la verdad, lo que puede influir de forma apropiada sobre nuestras emociones de tal manera que honren a Dios. La verdad de Dios, siendo de infinito valor, merece infinita pasión. El hecho de que la adoración sea algo tan íntegro y abarcador de nuestro ser, no se limita  como bien dijo Jesús  a un lugar, sino que adoramos a Dios con cómo vivimos. Por lo tanto, aunque nuestra expresión de adoración puede variar (puede ser más pasiva o expresiva), lo que importa es a quién adoras y que lo adores “en espíritu y verdad.”

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