Adulterio ¿Por quién eres condenado?

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¿Alguna vez has comprendido una labor o actividad en la cual estas seguro de lo que estás haciendo para luego reconocer que como dice el viejo refrán “del dicho al hecho, hay un gran estrecho”? Yo creo que los escribas y fariseos estaban tan seguros de su propia auto justicia y su interpretación de la ley en el Antiguo Testamento, que cuando Jesús comenzó a hablarles del adulterio, ellos pensaban que lo sabían todo y no había algo que aprender.

Es interesante como Jesús se acerca a ellos desde una aparente fortaleza de ellos a un lugar de escasez y culpa. Muchas veces nosotros en nuestro intento de auto justificarnos, tomamos temas como el de hoy (adulterio) y lo simplificamos demasiado para acomodar a una sociedad que francamente necesita ser encarada con verdades que no pueden ser comprometidas por sentimientos o ideologías humanas. Cuando Jesús interpretó el tema del adulterio, él lo llevo a un lugar que incomodó al más santurrón del grupo. Aun el escriba y fariseo de aquel entonces no estaba dispuesto a llevar esta temática al lugar donde Jesús la llevó.  Con razón sus discípulos le dijeron en Mateo 19:10 “si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse”.

Entendemos que adulterio, es un pecado cometido por una persona casada que se envuelve de una relación íntima fuera del matrimonio. Aunque no tengo espacio en este artículo para abarcar todas las esferas del adulterio, simplemente traer luz a algunas  áreas que creo debo presentar. Jesús presenta algo que previamente los eruditos de la ley habían ignorado. El adulterio, aunque si tiene su componente físico, el maestro aclara que también tiene su componente mental y espiritual. Así que si queremos sujetarnos a las enseñanzas de Cristo, es importante que reconozcamos que el adulterio es pecado.

Pastor Agustín López    

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