Amad a vuestros enemigos. 1ra parte

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Recientemente un amigo íntimo, a quien llamaré Bill, me llamó para discutir una difícil situación que él estaba atravesando. Hacía algunos meses Bill había despedido de su trabajo a un empleado clave debido a su actitud beligerante. Ahora el empleado despedido estaba entrando en competencia con él con uno de sus clientes.

Es obvio, que él tenía derecho de comenzar un nuevo negocio, excepto que para poder hacerlo tuviera que subcontratar su negocio a Bill hasta que él pudiera poner a funcionar su propio equipo. Además este ex empleado estaba visitando los clientes de Bill y en forma casual haciendo comentarios degradantes acerca de su anterior empleador.

Las preguntas que Bill me hacía eran sinceras y difíciles: ¿Cuán lejos debo yo ir como cristiano en ayudar a mis competidores? ¿Es realmente mi responsabilidad asistirlo con mi negocio hasta que él pueda desarrollar el suyo y competir por mis clientes? o, ¿Debería yo contar a mis clientes lo que realmente está pasando, para combatir las insinuaciones negativas de mi ex empleado?

No se fie de los sentimientos

Generalmente nuestra impresión inicial es puramente emocional, y a menos que seamos controlados principalmente por la Palabra de Dios, esa primera impresión rara vez es la correcta. En efecto, yo he descubierto que muchas primeras impresiones corren opuestas a la dirección de Dios. Por lo tanto, debemos siempre recurrir a su Palabra.

El equilibrio bíblico

Las escrituras presentan una interesante perspectiva de fuerza y compasión cuando tratamos con enemigos (estire ese término hasta incluir competidores engañosos). El relato del incidente de David con Nabal de halla en 1 Samuel 25.

Parece que a pesar del gesto noble de David de proteger la propiedad de Nabal, cuando David necesito ayuda Nabal no quiso ni aun reconocerlo. Esa afrenta obvia enfureció a David.

Llevado por la irá, David decidió tomar el asunto en sus propias manos y destruir a Nabal. Dios usó a Abigail, la esposa de Nabal, para detener a David de tomar venganza con sus propias manos. Ante el piadoso consejo, David se apaciguó y se retiró. Su retirada pudo haber sido interpretada por algunos como cobardía, aun por sus propios hombres. Sin embargo, el resultado fue que Dios ejecutó juicio en su propio tiempo de este modo el usó el domino propio fue más efectivo que el uso de la fuerza.

Larry Burkett

 

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