¡Amor es la base de apoyo y respeto!

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El amor es la base de una relación de pareja. El amor no es lo mismo que el enamoramiento. Este es apasionado e irracional en ocasiones, además de pasajero en el tiempo. Sin embargo el amor prevalece y dura, es maduro y consistente, no depende de las circunstancias ni las emociones. Tampoco se desmorona ante los defectos del otro, los cubre. El amor cubre todas las faltas (1 Pedro 4:8). El amor verdadero madura con el tiempo, se hace más sólido. No busca lo suyo nada más. No piensa en la gratificación personal sino en el bienestar del otro. Dios es amor y lo ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo (Ro.5:5).

  El  amor  se  puede  enfriar  por  la  indiferencia  y  la  pasividad.  Hay  que alimentarlo  constantemente,  confesarlo,  manifestarlo  y  demostrarlo  con hechos genuinos.

Cuando el amor no está activado es fácil caer en la falta de respeto, abusar de  la  confianza  y  menospreciar  al  cónyuge  ante  los hijos  o  terceras personas.    Cuando  todo  esto  ocurre,  solo  hay  un  camino  para  el reencuentro: el arrepentimiento, el perdón y la reconciliación.

Arrepentimiento,  perdón y  reconciliación

Jesús  le  dice  a  la  iglesia  de  Éfeso:  “Tengo  contra ti,  que  has  dejado  tu primer amor… arrepiéntete y haz las primeras obras” (Apc. 2:4,5). La rutina y monotonía en la vida familiar puede llevar al cansancio y este a creer que ya no hay amor y por tanto comenzamos a pensar en la separación. En muchos  casos  se  trata  solo  de  cambiar  una  mujer/hombre  por  otra/otro para  caer  en  los  mismos  errores  una  y  otra  vez.  El amor  puede  y  debe rehabilitarse  a  través  del  arrepentimiento,  es  decir,  ver  en  qué  hemos fallado, cuándo abandonamos y enfriamos nuestro amor inicial y volver a él pidiendo perdón, aceptando el perdón y siendo reconciliados de nuevo. El amor  regresará  con  fuerza  y  la  relación  volverá  a  nuevos  niveles  de confianza y fortaleza.

La familia no puede permitirse el lujo de endurecerse; hay mucho en juego para dejarlo en manos de los vaivenes de las circunstancias y los cambios emocionales.   No   debemos acumular   conflictos   sin   resolverlos adecuadamente.  El  rencor,  la  amargura  y  la  desconfianza  provocarán  un daño tan fuerte que en ocasiones será muy difícil recuperar la relación. Por ello debemos estar atentos a “las zorras pequeñas que echan a perder las viñas” (Cantares 2:15). Un poco de levadura puede leudar toda una masa de  convivencia  familiar  de  años  en  muy  poco  tiempo (1  Co.  5:6).  Si mantenemos la dureza de corazón, la obstinación y el odio, estos acabarán 29 destruyendo el hogar, y con el bienestar nuestro, el de nuestros hijos y el de la sociedad.

El diablo ha venido a robar, matar y destruir la familia. La Biblia nos dice que  no  debemos  darle  lugar  al  diablo,  sino  resistirlo  en  la  fe.  Jesús  ha  venido  para  darnos  vida  y  vida  en  abundancia.  Ha  venido  también  para destruir las obras de Satanás y el poder del pecado. Él ha vencido al mundo y nos ha dado una fe vencedora sobre todos los poderes de la oscuridad, del pecado y de la muerte.

Pastor Virgilio Zaballos

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