Análisis de las tres divisiones de la septuagésima semana. 2da parte

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Es verdad que el enfoque de las Escrituras está sobre la segunda mitad de la septuagésima semana, y el término “gran tribulación” se refiere infaliblemente a ese tiempo terrible. Esto es razonable y es de esperar, dado que el enfoque de la explicación de la septuagésima semana está sobre Israel, e Israel vive en una paz y seguridad razonables durante la primera mitad mientras se encuentra bajo la protección del anticristo. Es a partir de la mitad que Israel enfrenta persecución intensa, y los juicios de Dios se incrementan en gran manera, a medida que el mundo se desplaza progresivamente hacia la segunda venida. Pero, contrariamente a la afirmación del arrebatamiento previo a la ira, no está mal usar el término tribulación en referencia al período completo de siete años.

Segundo, el día del Señor como distinto y separado de la gran tribulación. La perspectiva del arrebatamiento previo a la ira es que hay dos períodos distintos y completamente separados dentro de la última mitad de la septuagésima semana. Pero ese probablemente no sea el caso, dado que en realidad hay dos designaciones que, en parte, contienen los mismos sucesos durante el mismo tiempo.

Nótese que se dice que ambos períodos son tiempos de angustia sin precedente. Como león Wood observa pertinentemente, solo es posible un tiempo que sea “sin precedente”. “Hay cuatro pasajes clásicos de las Escrituras que hablan de ese tiempo como más severo en sufrimiento que cualquier otro en la historia. Dado que solo puede haber un tiempo semejante, los cuatro deben referirse al mismo período”. Los cuatro pasajes de este grado de angustia incomparable. Joel 2:1-2, sin embargo, dice que este tiempo de angustia incomparable tiene lugar en el día del Señor. Solo puede haber un tiempo. Cuando analizamos en las Escrituras el día del Señor y la gran tribulación, vemos que hay gran angustia en ambas. El día del Señor es un tiempo de angustia (Sof. 1:14-15), como es la gran tribulación (Mt. 24:21; Dn. 12:1).

Isaías 2, 13 y Zacarías 14 son tres capítulos importantes que sugieren que el día del Señor también cubre el mismo período que la gran tribulación. Se puede encontrar un ejemplo en Isaías 2 donde el lenguaje de Isaías repite los sucesos del sexto sello de Apocalipsis 6:12-17… Se puede encontrar otro ejemplo en una comparación del fenómeno cósmico catastrófico de Isaias 13:6-13 y el sexto sello de Apocalipsis… Los sucesos de estos capítulos evidentemente son paralelos uno del otro. Además, Zacarias 14 compara los sucesos a partir de la persecución de los judíos, que surge de la abominación desoladora que ocurre a la mitad, hasta la segunda venida de Cristo que ocurre al final de la tribulación. Por consiguiente, el lenguaje y contenido paralelo de estos pasajes hace concluir que el día del Señor no está separado de la gran tribulación.  

Este es un punto importante, porque los conceptos que se encuentran en los pasajes escatológicos del Nuevo Testamento no surgieron de la nada; antes bien, surgieron sólidamente de los escritos del Antiguo Testamento. El lenguaje paralelo es altamente significativo.

Los dos términos tienen también el concepto de “dolores de parto” asociado a ellos (cp. Is. 13:6-9; Jer. 30:6-7; 1 Ts. 5:2-3). La expresión “aquel día” se usa en ambas (Is. 2:12-21; Sof. 1:7-10, 14-15; Jer. 30:7 y Dn. 12:1 en la Septuaginta). Y ambos están asociados con la futura restauración espiritual de Israel (Dt. 4:27-30; 30:1-3; Jer. 30:7-9, 22; Zac. 12:2-3, 9-14; 13:1-2; 14:1-3).

Estas comparaciones demuestran que varios de los mismos conceptos y términos están asociados con el día del Señor, el tiempo de angustia para Jacob y la gran tribulación en las Escrituras. Estas asociaciones consecuentes… indican que el día del Señor cubrirá o, al menos, incluirá el mismo período que el tiempo de angustia para Jacob y la gran tribulación.  

La aseveración de diferencia absoluta entre estos términos, la cual es fundamental para el esquema del arrebatamiento previo a la ira, simplemente no es sostenible. Estos dos términos (junto con el “tiempo de angustia para Jacob” que se encuentra en Jeremías), en realidad, se usan para el mismo período de tiempo, para referirse al menos a los tres años y medio últimos de la septuagésima semana.

Es necesario decir algo respecto a la manera en que se usan las frases y las palabras. Desde luego, es importante definir con exactitud las palabras y las frases a fin de llegar a un entendimiento del texto bíblico. Sin embargo, se puede llegar a conclusiones erróneas si se le asigna una definición limitada a una palabra que, en realidad, es bastante amplia en su significado.

Tomemos como ejemplo la palabra banco en español. La palabra banco puede hacer referencia a un asiento con capacidad para varias personas, un establecimiento que custodia el dinero o un conjunto de peces que van juntos en gran número. Si yo dijera: “Aquí hay un banco”, la palabra banco podría significar cualquier de las tres cosas anteriormente mencionadas y el contexto de la situación tendría que determinar a qué “banco” me refiero. Obviamente, no sería sabio asignar arbitrariamente un significado a la palabra y decir que cada vez que ésta aparece se refiere a lo mismo. De este modo, estaríamos llegando a conclusiones erradas.

Esta es una tentación constante que se enfrentan aquellos que interpretan las Escrituras. Y es obvio que los proponentes de la perspectiva del arrebatamiento previo a la ira han asignado una definición limitada a una palabra y la han aplicado a un sentido más amplio en varias partes.

Tercero, el acortamiento de la gran tribulación. Otro elemento esencial para la posición del arrebatamiento previo a la ira es el acortamiento de la gran tribulación de tres años y medio a un período de tiempo más corto. Esto debe hacerse para tener aproximadamente un año disponible para la venida del día del Señor durante la segunda mitad de la septuagésima semana, que es el único periodo en el que se derramará la ira de Dios sobre la tierra según la perspectiva del arrebatamiento previo a la ira. Puesto que la perspectiva del arrebatamiento previo a la ira no permite una superposición de la gran tribulación y el día del Señor, y dado que no existe la ira de Dios en la gran tribulación, es esencial acortar la gran tribulación para que la ira de Dios entonces aparecer en la próxima fracción de tiempo identificada como el día del Señor. Al hablar de la gran tribulación ¿qué quiso dar a entender Jesús cuando dijo: “Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie seria salvo” (Mt. 24:22) ? Como hemos visto, la perspectiva del arrebatamiento previo a la ira dice que el período original de tiempo de tres años y medio de la gran tribulación fue acordado. Pero seguramente esto no es lo que está diciendo el versículo.

Paul. N. Benware. Profesor de la División de Estudios Bíblicos de Philadelphia Biblical University

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