Análisis de las tres divisiones de la septuagésima semana. 4ta parte

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Primero, las escrituras indican que el futuro día del Señor es mayor en duración que uno o dos años. El día del Señor incluye los elementos de juicio sobre la nación de Israel, los juicios de las naciones gentiles y la venida del Mesías para salvar y restaurar Israel (p. ej. Is. 30:23-25; 34:1-8; 35:1-10; Jl. 2:28-32; 3:1-21; Zac. 14:1-21; Sof. 3:8, 16-20). Aunque el juicio sea el énfasis principal, el objetivo del día del Señor no es el juicio, sino la implementación del reino mesiánico.

Docenas de veces se dice que el día del Señor en sí incluye un tiempo de bendición y salvación en relación con la venida y el dominio del Mesías. Por lo tanto, el día del Señor completo y absoluto tiene elementos de tinieblas (juicio) y luz (bendición). Esto significa que el día del Señor incluiría el tiempo del juicio (la septuagésima semana) y el tiempo del dominio del reino del Mesías (el milenio. Para que sea el día del Señor, debe “implicar su dominio del sistema mundial durante el milenio”, argumenta Showers. “¿Cómo podría el día del Señor demostrar por completo quién es Él el soberano Dios del universo sin el ejercicio soberano de su dominio en forma visible sobre el mundo entero? Si esto es correcto, la duración del día del Señor no puede ser implementada de un año a dos, como propone la perspectiva del arrebatamiento previo a la ira.

Segundo, el día del Señor tiene dos aspectos: un sentido amplio y sentido específico. El sentido amplio extenso es el que acabamos de abordar, es decir, la septuagésima semana seguida por el reinado milenario del Mesías. El sentido específico del día del Señor contempla el tiempo muy específico cuando Cristo regresará a la tierra con los grandes juicios que acompañen ese momento de la historia. Por ejemplo, Zacarías 14 y Joel 3 hablan del día del Señor como el día cuando el Señor regrese para luchar contra el ejército que se ha reunido a pelear contra Israel. Nosotros deducimos que Él hará esto en su segunda venida (Ap. 19:11-21). Este es el tiempo que se indica como el día del Señor grande y terrible.

Deberíamos mencionar que Joel 3:14-15 indica que el sol, la luna y las estrellas se oscurecerán cuando el día del Señor especifico se acerque. Aquellos cuerpos celestes se oscurecerán antes que “venga el día grande y espantoso de Jehová”. Es obvio, a partir de esto, que los versículos 2 y 3 de Joel se están refiriendo al mismo día del Señor. Entonces podemos concluir que el día específico de Joel 3 y Zacarías 14 debe identificarse con el día del Señor grande y terrible; el día en el cual Cristo vendrá a la tierra. 

La perspectiva del arrebatamiento previo a la ira ha seguido la delantera del postribulacionismo y se ha centrado exclusivamente en el aspecto específico del día del Señor. Esto ha conducido a la conclusión errónea de que el día del Señor es un período del juicio muy breve al final de la septuagésima semana. Lo que es cierto es que el aspecto específico del día del Señor es simplemente el punto culminante del aspecto más amplio del juicio del día del Señor.

Tercero, el punto de comienzo del día del Señor es inesperado y tiene elementos distintos. La perspectiva del arrebatamiento previo a la ira tiene su comienzo con el rompimiento del séptimo sello (Ap. 8:1), el cual se considera que ocurrirá a las tres cuartas partes del transcurso de la septuagésima semana. Pero en base a 1 Tesalonicenses 5, varios elementos distintos de aquel día van en contra de esa idea. De aquel día, el apóstol Pablo escribió: “el día del Señor vendrá así como ladrón por la noche; cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta”.

La comparación se encuentra en que ambos acontecimientos son repentinos e imprevistos. El ladrón viene de repente y en un momento que no puede predeterminarse; por lo que el día del Señor vendrá de repente cuando la gente no lo espere… La llegada del ladrón en la noche sirve para enfatizar su venida sigilosa, no anunciada.

Pablo pone de manifiesto que no se anunciará con antelación al mundo el comienzo del día del Señor. Esto tiene sentido común si el día del señor comienza al inicio de la septuagésima semana, dado que no habrá previo aviso. El elemento sorpresa enfatizado por la comparación, es evidente allí. Tal no sería el caso si el día del Señor no comenzara hasta aproximadamente las tres cuartas partes del transcurso de la septuagésima semana, dado que justamente hubieran tenido lugar la gran señal de Cristo de la “abominación desoladora” (en el punto medio), varios años de gran tribulación y numerosas otras señales y sucesos. No parecería que la llegada de ese día fuera de repente o imprevista como Pablo enseñó.

Pablo también enseña que los incrédulos sobre los que irrumpa de repente el día dirán: “Paz y seguridad” cuando esto suceda. “Paz, aquí, indica circunstancias que no suscitan un sentimiento de alarma; seguridad de la idea de estar firme y seguro de los enemigos y el peligro… Ellos sentirán que todo está a salvo y seguro, sin encontrar evidencia externa que contrarreste dicho sentimiento”. Justo antes que el día del Señor los alcance habrá un sentimiento de seguridad mundial del día del Señor.

¿Cuándo cabe la posibilidad de que la humanidad diga “paz y seguridad” y realmente crea que existe? Antes de la septuagésima semana, desde luego, es una posibilidad. Tal vez, los esfuerzos del hombre por alcanzar la paz mundial logren cierto éxito, y la gente se siente a salvo de la destrucción de las guerras. Nosotros, por supuesto, no podemos estar seguros de qué provocará este sentimiento de seguridad mundial. Pero es muy poco probable que cuando hayan transcurrido tres cuartas partes de la septuagésima semana la gente esté diciendo tales cosas. Según la perspectiva del arrebatamiento previo a la ira, recién se habrá roto el sexto sello, lo cual resultará en terremotos y gran conmoción cósmicos que provocará increíble terror a los habitantes de la tierra (Ap. 6:12-17). De hecho, más de la cuarta parte de la población mundial habrá parecido recientemente por hambre, pestilencias y una guerra generalizada sobre la tierra. Es poco probable que las personas del mundo puedan decir “paz y seguridad” cuando más de mil millones de personas han muerto recientemente y están ocurriendo increíbles conmociones cósmicas. Pero sería lógico para ellos decir “paz y seguridad” si el día del Señor comienza al inicio de la septuagésima semana, mucho antes de los terribles sucesos que tendrán lugar a lo largo de la septuagésima semana.

La perspectiva del arrebatamiento previo a la ira no está en línea con lo que las Escrituras describen del comienzo y la duración del dio del Señor. Este es un asunto crítico para este punto de vista, dado que se basa completamente en la teoría de que la septuagésima semana consta de tres partes distintas.

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