Aquel que juzga. 3ra parte

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Tercero, nuestras motivaciones (cp. 1 Co. 4:5). El Señor no está interesado solo en lo que hacemos, sino también en por qué lo hacemos (o no lo hacemos). Aquellos que viven y sirven con un deseo de agradar y honrar a Cristo recibirán gran recompensa. Aquellos que viven y sirven motivados por la auto promoción, fines lucrativos o algún otro objetivo inadecuado no recibirán recompensa.

¿Cuál es el resultado de la recompensa en el tribunal de Cristo? En sentido negativo, se perderá la recompensa y se sentirá vergüenza (cp. 1 Co. 3:15; 1 Jn. 2:28). El deseo de Dios es recompensar a sus hijos, pero no recompensará a aquellos que hayan vivido una vida de pecado, egocéntrica. “En el estrado no solo seremos recompensados por lo bueno en nuestra vida, sino que tendremos que enfrentar la respuesta de Jesús a las realidades vanas y pecaminosas también… Hay pasajes que señalan la presencia de un aspecto negativo en el juicio del creyente”. Una y otra vez el Señor Jesús y los apóstoles retaban a los creyentes a evitar la pérdida de la recompensa, la herencia y el reposo, y obtener la recompensa completa. Esta es una de las motivaciones dadas constantemente a los creyentes para que puedan vivir una vida que honre a Jesucristo. Aunque pueda haber una pérdida de la recompensa, el apóstol Pablo explica claramente que esto no implicará la pérdida de la salvación: “Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego” (1 Co. 3:15).

Hay muchos resultados positivos del tribunal de Cristo. Aquellos que sean recompensados tendrán la oportunidad de servir a Cristo en mayor grado en su reino futuro (p. ej. Mt. 25:19-23; Lc. 19:16-19) experimentar un gozo y comunicación especial (Mt. 25:21,23; 1P. 4:12-13), recibir palabras divinas de elogio (Mt. 25:21), y obtener una variedad de “coronas” (p. ej. 1 Co. 9:25; 1Ts. 2:19; 2 Ti. 4:8; Stg. 1:12; 1 P. 5:4). Estas recompensas conllevarán resultados positivos en el reino milenario de Cristo y posiblemente en su reino eterno.

¿Qué lugar tiene el pecado del creyente en el tribunal de Cristo? Una de las verdades maravillosas del Nuevo Testamento es que el creyente en Jesucristo ha sido justificado por la fe. La muerte Jesús en la cruz pagó por completo la penalidad del pecado, por lo que aquel que reciba el don de la salvación de Dios nunca enfrentará el juicio de Dios que resulte en la expulsión eterna de su presencia (cp. Jn 5:24; Ro. 3:21-25). Sin embargo, la vida pecaminosa por parte de un creyente tendrá un efecto sobre lo que suceda en el tribunal de Cristo.

Los juicios en la segunda venida  

Cuando el Señor Jesús regrese en su segunda venida para establecer el reino milenario, tendrán lugar tres juicios.

Primero, el juicio de los gentiles al final de la tribulación (Jl. 3:1-2; Mt. 25:31-46). Una vez que Jesús regresé a la tierra, juzgará a aquellos gentiles que hayan sobrevivido a la tribulación. Estos gentiles que estén serán reunidos en un lugar cerca de Jerusalén (el valle de Josafat) para determinar su condición espiritual. Aquellos que sean justos entre los gentiles (las “ovejas” en Mt. 25) serán bienvenidos en el reino de Mesías, pero aquellos que no sean salvos (los “cabritos” en Mt. 25) serán enviados al castigo eterno.

La condición espiritual, interna de los gentiles se revelará externamente por la manera en la que traten a Israel durante la gran tribulación (cp. Ap. 12:13-16). Esta es una prueba válida de verdadera justicia, debido a la terrible persecución que Israel soportará durante la segunda mitad de la tribulación. Como Ryrie explica:

Un gentil estará poniendo su vida en peligro al tratar a algún judío con bondad durante la tribulación. Nadie hará esto simplemente por una actitud benéfica, sino solo como resultado de un corazón redimido… Aquellos cuyas buenas obras demuestren la presencia de la fe salvífica entrarán al reino.

Estos gentiles salvos entrarán al reino en su cuerpo terrenal y serán parte de la repoblación de la tierra durante el reino milenario.

Segundo, el juicio de los judíos que estén vivos al final del período de la tribulación. Cuando el Señor Jesús regrese, derrotará a sus enemigos en Armagedón. En ese momento, el pueblo de Israel será recogido de todas partes del mundo y llevados a la tierra de Israel (Mt 24:31). El Señor determinará entonces quiénes son salvos y quiénes no lo son.  A los justos de Israel se les permitirá entrar al reino mesiánico y experimentar el cumplimiento de los compromisos del pacto de Dios para con la nación. Pero los “rebeldes” de Israel (los perdidos) serán apartados y no se les permitirá entrar al reino (cp. Ez. 20:34-38; Mt. 25:1-30). Al igual que los gentiles que entren al reino, estos judíos creyentes no recibirán cuerpos inmortales. Antes bien, mantendrán sus cuerpos terrenales y serán parte de la repoblación de la tierra.

Paul. N. Benware. Profesor de la División de Estudios Bíblicos de Philadelphia Biblical University

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