El arte de la sencillez. 2da Parte

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Ir al grano

Una mujer que se disponía a retirarse del consultorio miró al médico de manera socarrona. “¿Sucede algo?”, le preguntó el facultativo.

“No estoy segura”, le contestó la mujer. “Llegué cinco minutos antes del horario de mi cita y me atendió en seguida. Me dedicó mucho tiempo. Entendí todo lo que me explicó. Incluso puedo leer una receta. ¿Es médico realmente?”

En ciertas situaciones, no esperas que los demás sean claros, breves y rápidos. En otras, sí. Cuando te dispones a escuchar hablar a alguien y tarda demasiado en ir al grano, te das cuenta de que estas en problemas.

Winston Churchill dijo una vez sobre un colega: “Es uno de esos oradores que, antes de ponerse de pie, no sabe qué dirá; cuando está hablando, no sabe que está diciendo y después de tomar asiento, desconoce que dijo” ¡Qué crítica! Escuché a algunos oradores como ese. ¿Qué hay de ti? Lamentablemente, ¡yo también fui uno de ellos!

Todos los buenos comunicadores van al grano antes de que el auditorio empiece a preguntarse: “¿A qué viene esto? Para lograrlo es necesario saber desde el comienzo cuál es el punto en cuestión. El dramaturgo griego Eurípides dijo: “Un mal comienzo implica un mal final”. Sin duda, el momento para ponerte a pensar en el objetivo de tu mensaje es antes de iniciar la comunicación.

Cada vez que me preparo para comunicarme con otros, ya sea un auditorio conformado por ciento de personas o un único individuo, me hago dos preguntas: “¿Qué quiero que sepan?” y “¿qué quiero que hagan?” Si logro responder con claridad a estas dos interrogantes, entonces es más probable que me mantenga enfocado, vaya al grano y me relacione con mi público.

Tal vez una de las situaciones más difíciles en el arte de la comunicación sea el momento en que debes enfrentarte a otro. Dadas las posiciones de liderazgo que ocupé durante mi carrera, muchas veces debí enfrentarme con muchas personas. En el pasado, estos encuentros me hacían sentir inseguro e intimidado. Por lo general, mi estrategia consistía en hablar sobre muchos otros temas de dar una mala noticia o en insinuar el problema en lugar de planearlo francamente. Tardé muchos años en adoptar un enfoque más directo y transmitir lo más rápido posible lo que necesitaba decir.

El año pasado, cené en Cincinnati con Ton Aringron, fundador y director ejecutivo de la compañía farmacéutica Prasco. Esa noche conversamos sobre muchos temas interesantes, como las decisiones difíciles que a veces debe tomar un líder. Durante nuestra charla, compartió conmigo una de sus estrategias para enfrentarse a un empleado cuyo desempeño no es eficiente. Me dijo: “Cuando un empleado de mi compañía no trabaja bien, le hago dos preguntas. La primera es: “¿Te interesa conversar este trabajo?” Esta sirve para hacerle ver que existe un problema. La segunda es: “¿Quieres que te ayude? El objetivo de esta pregunta es que sepa que estoy dispuesto a ayudarlo”. Eso sí que es ir al grano.

Sinceramente, creo que la mayoría de las personas prefieren que, cuando se dirigen a ellos, se vaya al grano. Optan por el enfoque directo, sobre todo en las situaciones difíciles.

John C. Maxwell

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