El atractivo de las promesas imposibles del evangelio de la prosperidad 1ra parte

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“Ser pobre es un pecado” (Robert Tilton). “Si agradamos a Dios seremos ricos” (Jerry Savelle). “Dios quiere que sus hijos usen las mejores ropas… conduzcan los mejores automóviles y tengan lo mejor de todo; basta con pedir lo que necesitamos” (Kenneth Hagin). Estas son algunas de las sorprendentes declaraciones de los predicadores del “Evangelio de la Prosperidad”. Su “dios” es una especie de empresario cósmico que puede ser usado, al diezmar y ofrendar, para alcanzar lo que verdaderamente importa: una vida próspera en términos meramente terrenales.

“Apártate de los tales”

El apóstol Pablo nos exhorta apartarnos de los “hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia” (1Tim. 6). Y en su segunda carta a Timoteo nos advierte que “en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios… amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita” (2Tim. 3:1-5).

De igual forma Pedro nos dice que así como hubo falsos profetas en el pueblo de Dios del antiguo pacto, “habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras… Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas” (2P. 2:1-3; comp. Judas 11-16

Penosamente, a pesar de las claras advertencias de las Escrituras, el evangelio de la prosperidad tiene un numeroso y creciente grupo de seguidores. Y aunque la razón parece obvia (su mensaje apela a la codicia del ser humano), aún así no deja de ser curioso que alguien permanezca por mucho tiempo dentro de este movimiento, tomando en cuenta que sus predicadores no pueden cumplir lo que prometen.

La “psicología” del evangelio de la prosperidad

Conversando recientemente con un hermano que estuvo involucrado en este movimiento alrededor de 10 años pude comprender mejor donde radica el atractivo de este mensaje para ganar y mantener adeptos.

Un dios manipulable. A pesar de los ataques militantes del ateísmo en las últimas décadas, el hombre no puede erradicar de su corazón la idea de Dios, porque Dios mismo se ha encargado de dejar evidencias contundentes de Su presencia en toda la creación y ha dado al hombre la capacidad de entender la evidencia (compare Rom. 1:18-21). Lo que hace atractivo al evangelio de la prosperidad para el hombre caído es que parece poner a Dios de su parte, eliminado al mismo tiempo el “tropiezo” de Su santidad y Su soberanía. El dios de estos evangelistas no es el que se revela en las Escrituras, y a quien debemos acercarnos en Sus términos, sino una mezcla de genio de la lámpara de Aladino con Psiquiatra todopoderoso, el cual puede ser manipulado por medio de ofrendas y “palabras de fe”.

Culpa y codicia. Cuando la oferta de riqueza o salud tardan en plasmarse, los seguidores de esta peculiar teología son movidos a culparse a sí mismos por su falta de fe o por no ser lo suficientemente generosos. Ese sentido de culpa personal, mezclado con la codicia de sus corazones, los mantiene aferrados a las falsas promesas de estos evangelistas, como el jugador que vuelve al casino una y otra vez esperando que algún día la suerte le sonría.

Pastor Sugel Michelén

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