Autoridad financiera en el hogar. 1ra parte

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La falta de liderazgo divino en el hogar puede ser devastado para la familia. Las mujeres están experimentando presiones como nunca antes, porque ellas están llevando cargas que Dios nunca intentó que llevaran. ¿Por qué? Porque muchos hombres están abandonando sus responsabilidades de líderes. A pesar de lo que digan los psicólogos, Dios no hizo a la mujer para que funcionara bien bajo tensiones, particularmente tensiones financieras. El resultado de que los esposos sometan a sus compañeras a tales tensiones se puede ver en los centros de consejería de cada comunidad.

Yo me enfrento frecuentemente con mujeres que han asumido la responsabilidad de la negociación con los acreedores, pagar a tiempo las cuentas, disciplinar a los hijos y cuidar del hogar. En la mayoría de los casos esto sucede porque el esposo no está dispuesto a aceptar su responsabilidad.

Esto no quiere decir que todos los hombres son irresponsables; sin embargo, son las tendencias sociales actuales hacia la “igualdad”, más y más hombres son estimulados a evadir las responsabilidades ordenadas por Dios para contar con el respeto de sus iguales.

Gran cantidad de mujeres que asumen el papel de líderes en el hogar encuentran que ellas han destruido su salud, su paz, y su matrimonio. “La mujer sabia edifica su casa, pero la necia con sus manos la derriba” (Proverbios 14:1).

En una sesión de consejería, una esposa joven comentó: “Yo tengo que controlar todo el dinero en nuestro hogar. Mi esposo no sabe administrarlo, así que yo tuve que tomar las riendas”.

No había la menor duda de que ella dominaba a la familia, incluyendo las finanzas y aún menos duda de que ella había reducido la actividad de su esposo en la familia casi a la de un niño. Ella justificó su acción sobre la base de que era “necesario”. Sin embargo, el resultado neto de sus acciones fue tensión física y emocional hasta el punto de casi un rompimiento total en las relaciones del matrimonio.

Casi la misma situación a la inversa había ocurrido un poquito antes con otra pareja. El esposo se sentía tan fuertemente ligado a su papel de autoridad del hogar, que rehusaba permitir a su esposa toda la participación en las decisiones financieras. Ya que él continuamente hacia las decisiones sin consultar con ella, ésta naturalmente sentía que él no confiaba en su persona ni la respetaba. A través de sus años de matrimonio, ella se había substraído dentro de una concha de resentimiento callado.

Equilibrio

Ambas situaciones reflejan que el plan de Dios para la autoridad en el hogar no encaja con ninguna de las dos situaciones. El plan de Dios es un esfuerzo conjunto con diferentes responsabilidades.

En una relación tan íntima como es el matrimonio tiene que haber un repartimiento de responsabilidades y habilidades. Dios a menudo usa caracteres opuestos en el matrimonio para equilibrar los extremos. Si la esposa y el esposo fueran idénticos en naturaleza, indudablemente las decisiones serian desequilibradas. Así, un gastador es contrarrestado por un ahorrativo. Una esposa sensata y con discernimiento es un gran baluarte para cualquier esposo, con tal que él esté dispuesto a oírla. “La mujer prudente viene del señor” (Proverbios 19:14).

La administración del hogar, y por ende la carga del mismo, depende del esposo. “Que gobierne bien su casa, teniendo a sus hijos sujetos con toda dignidad (pues si un hombre no sabe cómo gobernar su propia casa, ¿Cómo podría cuidar de la iglesia de Dios?) (1 Timoteo 3:4-5).

La responsabilidad de la esposa es apoyar a su marido por seguir sus instrucciones lo opuesto a regañar e importunar. Algunas veces ella debe estar dispuesta a sufrir con él y dejarlo que falle, si fuere necesario: “Así mismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, de modo que si algunos de ellos son desobedientes a la palabra, puedan ser ganados sin palabra alguna por la conducta de sus mujeres (1 Pedro 3:1).

Larry Burkett

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