Bendición final un matrimonio para toda una vida

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En las “Bodas de Caná” Juan 2, Jesucristo convirtió el agua en vino. El vino corriente y el buen vino. Si entendemos que Jesús es el primer interesado en que los matrimonios tengan Su bendición matrimonial podremos ver la luz que emana esta historia Bíblica, en la que es el propio Jesús, el protagonista en medio de unas bodas. Jesús convierte agua en vino, pero no en cualquier vino, sino en el mejor vino que había probado el maestresala. ¿Estaba Jesucristo solo interesado en demostrar que puede hacer el mejor vino del agua, como también el resto de la creación, o nos quiere mostrar algo más profundo y espiritual?

El vino simboliza la celebración, la felicidad, un fruto de la vid que usamos para compartir con amigos, con seres queridos, en celebraciones y en bodas. Altamente apreciado y de efectos saludables en su consumo moderado, por sus antioxidantes, es toda una fuente de bendición. Tanto es así que el propio Jesús lo encumbra junto al pan, como el símbolo de Su propia sangre para celebrar la Santa Cena. El vino pues simboliza la vida, el amor de Dios, la felicidad, la bendición. Pero Jesús nos enseña que Él es la fuente de la creación de lo excelso, de lo magnífico, de lo mejor que podemos disfrutar. ¡Más nos vale pues asirnos de Él en nuestras vidas y en nuestros matrimonios! Pero sigamos viendo todo lo que conlleva una boda porque el Señor nos mostrará hasta donde recibiremos un mensaje de bendición de aquella historia de la conversión del agua en vino.

Quería terminar volviendo a recordar las bodas de Caná según el Evangelio de Juan Cap. 2 en las que hay ese mensaje al que me refería al principio, para los que son novios todavía, o para los que no han entregado su matrimonio a Dios todavía, así como para recordarlo a los que están casados en Cristo: “Hasta ahora habéis disfrutado del vino de vuestra relación, …pero a partir del día en que os caséis, u os entreguéis a Dios como matrimonio, disfrutaréis del buen vino, reservado para un matrimonio que ha venido a buscar la bendición de Dios, y que por ello recibe su milagro como el que hizo Jesús al convertir agua en el mejor vino el vino del amor eterno, el amor de Dios.” Por tanto a los esposos que han confiado su matrimonio a Dios y de Él esperan el amor eterno y verdadero: ¡Que sean muy felices y que Dios los bendiga para siempre!

Carlos Padilla. Evangelista

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