Bendición matrimonial

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La bendición matrimonial es un don de Dios que albergan aquellos matrimonios que la piden a Dios, que desean vivir una vida siguiendo la guía del Padre. Esa bendición es fruto del pacto con Dios que hemos tratado antes, y sin duda aquellos esposos que vienen a Dios, tanto para casarse, como durante sus vidas, sin duda la toman porque obedecen a Dios en sus corazones. La Biblia es la Palabra de Dios, y en ella tenemos la guía del matrimonio. En ella encontramos la historia del matrimonio, que es la misma de nuestro matrimonio, el Génesis matrimonial. Historias de convivencia entre esposos, de la relación con los hijos, como bendecirlos y como tratarlos cuando son rebeldes; con los padres o abuelos; cómo gestionar la economía familiar; atravesando problemas de salud, como tratar los celos; como encontrar en tu esposo o esposa a tu mejor amigo; como orar juntos y hablar de la Biblia y de Dios siempre, y en Él buscar la guía de la vida para la pareja, y todas las relaciones y circunstancias, y como reconciliarse cuando los esposos discuten y recibir paz y bendición de Dios.

Creo que el Texto Bíblico en Efesios 5 y 6 es un excelente resumen:

5: …21Someteos unos a otros en el temor de Dios. 22Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; 23porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. 24Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. 25Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. 28Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 29Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, 30porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. 31Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. 32Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. 33Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.

6: 1Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. 2Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; 3para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. 4Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.

El matrimonio lo constituyen tres personas, no dos. Esto es algo que, si no lo vemos desde la perspectiva cristiana, no se entiende. Dios es el vínculo de unidad, el Espíritu Santo habitando en los esposos es la garantía de la bendición matrimonial. El inicio de la relación mezcla tres cosas: la atracción, el enamoramiento, y el espíritu y alma del otro que nos atrae, su personalidad. Una mezcla de sentimientos físicos, racionales y espirituales que no se pueden explicar. Nos atrae la persona completa, su aspecto, su habla, sus ideas, sueños y emociones, su vida, su fe, etc. La continuidad de necesitar al otro por siempre, procede de Dios. Así pues el matrimonio está compuesto por Dios, por el esposo y por la esposa.

Posteriormente hay una bendición que deben recibir los esposos, la cual no es otra que la bendición de sus padres. Recuerdo que en la boda de mi hijo primogénito, a mi esposa y a mí nos gustó mucho cuando el pastor nos invitó a orar por ellos, lo cual hicimos los padres del novio y los de la novia con gran alegría pidiendo a Dios que llenase sus corazones del amor que solo Él puede conceder y como legado de nuestro amor hacia ellos. Y también quisiera compartir lo importante que es que los padres y las madres dediquen unas palabras de bendición, alguna anécdota simpática, lo orgullosos que se sienten de sus hijos, sus mejores deseos de felicidad y la alegría y aprobación que desean expresar en un día tan feliz, por venir a buscar la bendición de Dios para su matrimonio.

Carlos Padilla. Evangelista

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