¡Compartir los beneficios y las cargas!

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Cuando Dios creó al hombre vio que  no era bueno que estuviera solo, y le dio  una  compañera.  La  calificó  de  ayuda  idónea.  Es decir,  personas complementaria, creadas con la necesidad de reciprocidad. Luego dijo que el hombre dejará a su padre y su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serían una sola carne. Debían compartir los beneficios de la vida familiar, así  como  las  cargas.  Tendrían  tareas  distintas  pero  complementarias, pensadas en beneficio de la unidad familiar.

Cuando le preguntaron a Jesús cuál era el primer mandamiento de todos, respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón”, y el segundo es semejante:  “Amarás  a  tu  prójimo  como  a  ti  mismo.  No hay  otro mandamiento mayor que estos” (Marcos 12:28-31) (Mateo 22:34-40). En estos dos mandamientos se resume toda la ley, porque el que ama cumple la ley. Cuando estos mandamientos están presentes en la vida familiar se experimenta el principio de la reciprocidad. Yo amo y recibo amor. Yo me entrego y recibo su entrega. Yo me esfuerzo y recibo el esfuerzo del otro en otros  aspectos.  Cuando  estos  parámetros  no  se  dan  entramos  en desequilibrios.  Uno  aporta  mucho  y  el  otro  poco.  Uno  trabaja,  lucha,  se esfuerza y el otro aprovecha su generosidad para abusar de ella o de él y dar lugar al egoísmo. El egoísmo es lo contrario de la reciprocidad y del amor. El egoísmo tiene una sola dirección: uno mismo. La reciprocidad tiene dos direcciones, de ida y vuelta.

 La Biblia dice que: “Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! Que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante… Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto” (Eclesiastés 4:9-12).

Algunos llegan al matrimonio sin entender mínimamente este principio. No entienden que han entrado en un pacto, y en un pacto hay dos partes que actúan recíprocamente.  Algunos quieren seguir viviendo como solteros pero con  los  beneficios  del  matrimonio.  Cuando  escogemos  una  mujer  o  un marido,  renunciamos  a  otras  mujeres  y  otros  hombres.  Nuestra  relación entra en una dimensión distinta con el otro género.

¿Qué  es  la  reciprocidad? Es correspondencia mutua. Recibir respuesta. Es como cuando enviamos un mensaje SMS y nos responden. Como escribir un email  personal  y  recibir  una  respuesta  personal,  no  la  indiferencia  o  un acuse  de  recibo  general.  Necesitamos  aplicar  la  reciprocidad  en  diversas áreas de nuestra vida familiar: en el amor, (ser correspondidos); en el uso del  tiempo,  (ponernos  de  acuerdo  en  los  tiempos  comunes  y  los personales); en  los  días  de  sufrimientos, (cuando toca sufrir y luchar con 28 abnegación repartir la carga hasta donde se pueda); y en la responsabilidad con los hijos, (no dejando todo el peso a la mujer haciendo oídos sordos a las necesidades que debemos compartir).

Pastor Virgilio Zaballos

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