¡Comunicación en la familia!

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La  comunicación  es  esencial  para  el  buen  entendimiento.  Dios  nos  ha creado con la capacidad de comunicarnos de múltiples formas.

La comunicación nos ayuda a conocer a otros y comprenderlos.

Entre los cónyuges debe haber una comunicación real y transparente. Vivir en luz y en la verdad pondrá bases sólidas en la convivencia.

Debe aplicarse comprensión y empatía para que el diálogo sea fructífero y obtenga resultados positivos. Es necesario percibir las necesidades del otro y apoyarse mutuamente; estos son propósitos básicos del matrimonio.

La  corrección  es  parte  de  la  comunicación,  sin  embargo  deben  notarse algunas condiciones: no deben hacerse en público; no deben evitarse para no tener problemas, si dejamos asuntos sin resolver volverán a aparecer más tarde y con mayor intensidad. También es necesario saber esperar el momento cuando la tensión ha disminuido y se pueden abordar con calma y objetividad los asuntos que debemos tratar sin temor.

A menudo nuestras posturas parecen irreconciliables. Ponen en evidencia nuestras  diferencias  y  nos  invade  la  perturbación  que  ellos producen. Debemos  saber  que  somos  diferentes,  por  tanto,  encaramos  de  forma distinta las mismas cuestiones, lo cual no quiere decir, en primer lugar, que seamos  incompatibles,  sino  que  debemos  complementarnos.  Necesitamos aceptar  las  diferencias  y  no  tratar  de  imponer  nuestro  modelo  al  otro. Debemos llegar a acuerdos cuando las posturas sean opuestas, cediendo unas veces y recibiendo apoyo a las nuestras en otras. Si solo queremos imponer  nuestras  razones,  una  y  otra  vez,  llegaremos  a  la  tiranía  que oprime  y  destruye  la  confianza,  por  tanto,  la  comunicación  y  con  ella  el hogar.

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