¿Confunden juego y trabajo? 2da parte

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Una efectiva táctica de marketing consiste en poner nombres de juegos a los que haceres domésticos. El primer juego de ese tipo que enseñé a mis hijos cuando eran pequeños fue el hormiguero. Se imaginaban que eran hormiguitas y correteaban de aquí para allá llevando todos los juguetes, bloques y muñecos de peluche al hormiguero (el sitio donde se guardaban). Hasta un bebé es capaz de aprender ese juego. Lo puedes sentar en tu falda o a tu lado y enseñarle a poner cubos y otros juguetes pequeños en una caja. Luego elógialo profusamente.

Acá algunos obstáculos que pueden presentarse y cómo evitarlos:

  • Si la tarea rebasa las posibilidades del niño o su capacidad de concentración, puede resultar exasperante tanto para él como para ti. No le exijas demasiado.
  • Facilítale el cumplimiento de la tarea explicándole bien en qué consiste y cómo hacerla.
  • Que la colaboración sea voluntaria o, si es posible, dale a elegir entre diversas tareas. Si consigues que resulte entretenido, se ofrecerá gustoso a ayudar.
  • Sobre todo cuando la tarea se le haga cuesta arriba o tediosa, ayuda mucho conversar juntos de algo divertido mientras la realizan. Haz las veces de entrenadora, compañera de equipo e hincha.
  • No esperes a que la tarea se torne excesiva, o a que el niño esté muy cansado para realizarla de buena gana.
  • Siempre que sea posible, enséñale a guardar lo que ha utilizado antes de sacar otra cosa, y a ir limpiando lo que ensucia.
  • Si dejas al niño solo haciendo una tarea, no te sorprendas de que a tu regreso se haya enfrascado en otra cosa. Los niños se distraen fácilmente cuando no se los supervisa. No esperes a que se le acabe el tiempo para asomarte a ver cómo le va.
  • Usa mucho tacto a la hora de expresar tu desilusión. Complementa siempre tus comentarios con tranquilizadoras palabras de aliento. ¡Conserva una actitud positiva!

Los beneficios de lograr que el trabajo les resulte ameno a los niños son innumerables. Aprenden no solo perseverancia y habilidades prácticas, sino también a trabajar en equipo y a valorar lo que los demás hacen por ellos.

En conclusión, si quieres cultivar en tus hijos el hábito de colaborar de buen grado, acostúmbrate a agradecérselo y a prodigarles elogios. Exprésales tu gratitud en el acto. Recompénsalos con abrazos y de vez en cuando con algún premio. Elógialos ante tu cónyuge, tus parientes y tus amigos, preferiblemente a oídos de ellos. ¡Nada aumenta más nuestra autoestima que oír elogios y palabras de aprecio de boca de las personas a quienes más amamos!

Fuente: activated.org

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