Consejos para adolescentes y jóvenes

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Gózate en la gracia de Cristo.

Antes de pensar sobre cómo vivir, es de primera importancia recordar la grandeza de la gracia que Cristo ha manifestado en tu vida. Si no te recuerdas del amor que Jesús tiene por ti, se te hará fácil no amar a los demás. Así que antes de pensar en lo que has de hacer para Cristo, piensa en lo que el Hijo de Dios ha hecho por ti (Gá. 2:20). De esta forma la obediencia a Jesús te resultará más fácil y gozosa.

Devora la Biblia.

Cada cristiano, no solo los jóvenes, se debe alimentar de la Palabra de Dios como si fuera un niño hambriento. No digas “amén” a nada que no esté estipulado en las Sagradas Escrituras. No le hagas caso a ninguna voz que se levante contra la revelación del Altísimo. Lee la Biblia día y de noche. Construye tu vida sobre la roca de la Palabra. Después de todo, Dios honrará a aquellos que honran Su Palabra (1 Sa. 2:30).

Ora, ora, ora.

Sintoniza tu corazón para que siempre esté en comunión con el Padre. Incluso cuando no estés en la iglesia ni en tu cuarto, ora al Señor en todo momento. Mientras estás lavando los platos, alaba al Señor. Mientras vas caminado por la calle, glorifica a Dios. Aprovecha cada instante para meditar en Él y dirigir tu alma hacia el único Soberano (1 Te. 5:17).

Guarda tu pureza sexual.

Recuerda que eres templo del Espíritu Santo. Tu cuerpo no te pertenece. Como nos dice el precioso Catecismo de Heidelberg: “Yo, con cuerpo y alma, tanto en la vida como en la muerte, no me pertenezco a mí mismo, sino a mi fiel Salvador Jesucristo”. Tus miembros no son tuyos. Tus ojos no son tuyos. Pertenecen a Dios, a Cristo y al Espíritu. Por lo tanto, aléjate de cualquier cosa que pudiese alejarte de Dios. Guarda tu virginidad para la gloria del Señor, para poder entregársela alegremente a tu cónyuge en la noche de tu boda (Heb. 13:4)

Usa tus dones para servir en tu iglesia local.

Dios te ha dotado de dones y talentos. Por consiguiente, úsalos todos para la gloria de Su nombre. Ya verás cómo Él abrirá puertas para que los pongas por obra. En vez de esperar a que todos te sirvan a ti, toma la iniciativa y empieza a servir a otros en tu iglesia local. Ponte a la disposición del pastor y dile: “Pastor, cuente conmigo para lo que sea. Quiero ser de bendición para mis hermanos y hermanas en la fe”. Ayuda en todo lo que puedas. Sé humilde.

Hace un par de meses le hice una entrevista a Miguel Núñez y me dijo: “El joven es muy orgulloso, cree que lo sabe todo y cree que lo puede todo”. Por lo tanto, es muy importante ser humilde y dócil. Aunque seas más inteligente, tengas muchos dones o más carisma que otros en tu iglesia local, ¡no te creas! “Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña” (Gá. 6:3). Humíllate. Aprende de los ancianos en tu iglesia. Son más sabios, más experimentados y más maduros que tú. No eres imprescindible. Dios puede avanzar su Reino sin ti. Pídele al Señor constantemente que te mantenga humilde (Isa. 66:2).

Madura pronto.

En palabras de Jairo Namnún: “De ser posible, madura tan temprano como puedas. Trabaja tan temprano como puedas, sirve en tu iglesia tan temprano como puedas. No hay sentido ni propósito en atrasar la adultez o vejez, ni la adolescencia y juventud, son excusas para poder vivir nuestras vidas para Dios”.

Recuerda el evangelio.

No olvides que cualquier buen consejo es imposible de seguir sin el poder del evangelio obrando en ti. Recuerda siempre de donde yace tu identidad: no en tus obras, ni en tu estatus, sino en la persona y obra de Jesucristo. Procura siempre conocer a Cristo, y a este crucificado (1 Co 2:2), deja que el evangelio sea el lente por el cual entiendes las escrituras, tu ministerio y tu vida.

Will Graham. Predicador

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