Cómo convertirte en la clase de persona con la que deseas relacionarte

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Una de las preocupaciones que me generaba este capítulo era que hay mucho énfasis en la oratoria, tal vez demasiado. Existen muchos oradores que no logran relacionarse, así como muchas personas que saben relacionarse pero no disertan en público. Traté de darles algunos recursos a quienes desean mejorar sus habilidades para la oratoria, pero quiero recordarte que la capacidad para las relaciones no tiene que ver principalmente con aprender a ser un mejor presentador. Tiene que ver con convertirse en la clase de persona con la que los demás desean relacionarse.

Billy Hawkins me escribió para contarme una historia que ejemplifica magníficamente lo que significa relacionarse mediante la creación de una experiencia que alguien disfrute. Explicó lo siguiente:

En nuestro servicio para niños teníamos un niño de seis años, Ollie, que había pasado toda su vida al cuidado del estado. Su madre se había suicidado y su padre entraba y salía de la cárcel. Decidí que mi objetivo sería relacionarme con Ollie una vez por semana. Me aseguraba de darle palabras de aliento todos los domingos y los lunes le enviaba una carta por correo. Un domingo lo vi sentado en el piso, solo y detrás del resto de los niños. Tenía una pila de papales que había extendido delante de él.

Lo observé mientras levantaba cada uno de los papales, simulaba leerlos y los volvía a alinear al piso. Se negó a participar en la actividad del grupo; únicamente deseaba mirar sus papales.

Como estaba preocupado, me senté junto a él y traté de evaluar la situación. Cuando me acerqué a saludarlo, vi mi letra en algunos de los papales.

“Hola, Ollie. ¿Qué tienes ahí?” Entonces me di cuenta. Eran todas las cartas que le había enviado durante el trimestre. Se me llenaron los ojos de lágrimas mientras él me observaba, sosteniendo una carta borrosa como consecuencia de la lluvia y me decía: “Estas son mis cartas especiales”.

Billy explicó que, unos años después, Ollie ingresó a un psiquiátrico para niños y, aunque no solían permitir visitas, recibió una autorización especial para visitarlo porque había logrado establecer una relación con él. Billy resumió la experiencia de esta manera:

“Fue un privilegio haberme podido relacionar con un niño cuyo mundo era un caos y recordarle cuán especial es a los ojos de Dios y cuánto se le ama.”

Nunca se debe subestimar el poder de las relaciones y a la marca que se puede dejar cuando simplemente se trabaja para crear una experiencia que los demás disfruten.

John C. Maxwell

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