¿CREYENTE O DISCÍPULO?

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“Si alguno vien a mí, y no aborrece a su padre y a su madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo ( Lc. 14: 26-27).

La meta de Cristo no era reunir multitudes agradecidas, sino hacer verdaderos discípulo. El nunca adapto su mensaje a la preferencia de la mayoría, sino que siempre manifestó claramente el alto costo del discipulado. Aquí, El hace varias demandas audaces que desalentarían al indiferente. Él les estaba demandando compromiso total__ incluso hasta la muerte física___ y haciendo que este llamado a la redención total fuera parte del mensaje que ellos tenían que predicar a otros.  Jesús estaba llamando a sus discípulos a cultivar tal devoción por El que su apego a todo lo demás __ incluyendo a su propios seres queridos___ seria, en comparación, verlos en un segundo plano. Las multitudes a las que Jesús enseno eran positivas, pero no comprometidas. Lejos de hacer que sus enseñanza fueran fácil, El estableció el costo del discipulado tan alto como fuera posible, y los alentó a hacer un cuidadoso inventario ante de declarar su voluntad por seguirlo. Cristo continuamente enfatizo la dificultad de seguirlo: la salvación es solo por gracia, pero no es fácil. El llamado implica conocer la verdad, arrepentimiento sujeción a Cristo como Señor y la decisión de obedecer su voluntad y palabra.

“Si alguno bien a mí, y no aborrece a su padre y a su madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo ( Lc. 14: 26-27).

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