Como desarrollar un compromiso firme. 2da parte

164

El compromiso comienza con las pequeñas cosas. Nadie se compromete a algo realmente importante sin antes comprometerse en cosas más pequeñas. Es como aprender a caminar; con cada paso que damos, ganamos confianza. Cuando vemos que Dios bendice nuestros pequeños compromisos, comenzamos a confiar en Él para asumir otros cada vez mayores.

No se comprometa hoy a ganar todo mundo para Jesucristo. Eso es idealista irracional. Comprométase a ganar una persona para Cristo. Con la seguridad que obtenga al ganar a esa persona, podrá ganar a dos más.

Sadrac, Mesac y Abegnego comenzaron de la manera correcta, negándose a comer la comida del rey. Si usted no puede mantenerse firme y decirle que no a la comida del rey, no podrá después mantenerse firme para decirle que no al ídolo del rey. Esa valentía no se obtiene de un momento a otro; debe ser desarrollada a través de las pequeñas cosas. Así usted comprende que cuando rechazó la comida del rey, Dios lo bendijo y usted prosperó. Si Dios lo ayudó con el tema de la comida, también lo ayudará con el tema del ídolo. Y paso a paso, comenzamos a construir un fundamento que nos da un carácter firme para mantener un compromiso firme.

Este principio también funciona en sentido contrario. Aquí vemos el peligro del pecado: cuando pecamos una vez, es más fácil pecar la segunda vez. Por eso debemos tener un sano temor a la tentación y un sano temor al pecado. El pecado rompe las barreras de las resistencias. Hace que nuestra visión sea borrosa, que no podamos enfocar con claridad, y de repente nos encontramos haciendo cosas que no deberíamos hacer. Si usted no asumió un compromiso firme ayer, el pecado puede alcanzarlo hoy.

Asuma el compromiso antes de que se presente la ocasión. No se deje atrapar por la emoción del momento, porque entonces vacilará en su compromiso. Tome la decisión antes que surja la oportunidad de ponerla en práctica. La batalla se gana antes de comenzar. Ese es el secreto del éxito de los tres jóvenes hebreos. Ellos ya sabían lo que iban hacer. No se quedaron allí escuchando la música y mirándose uno a otro, preguntándose que hacer. Ellos ya habían tomado una decisión sobre ese tema, así que no tuvieron que pensarlo.

John C. Maxwell 

Deja tus comentarios