Como desarrollar una mentalidad centrada en los puntos en común 5ta parte

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Adaptabilidad: Me correré de mi lugar y me pondré en el de los demás

El erudito medieval Tomás de Aquino afirmó: “Para convertir a una persona, tómala de la mano y guíala”. Para movilizar a otros, primero debemos estar dispuestos a movernos nosotros hasta el lugar donde se encuentran. Tenemos que adaptarnos a ellos e intentar ver las cosas desde su punto de vista.

Henry J. Kaiser, un constructor de buques que revolucionó la industria naval en la década de los cuarenta, lo puso tan en práctica como le fue posible en su época. En un año, gastó casi doscientos mil dólares en comunicaciones telefónicas para conectarse diariamente y por varias horas con los ejecutivos clave de todo el país. Mucho tiempo antes de que las conferencias telefónicas fueran al común, logró que algunos integrantes de su compañía que residían en distintos lugares participaran, al mismo tiempo, de la misma conversación telefónica. Tal vez no podía desplazarse físicamente para estar junto a sus líderes todos los días, pero hizo lo más parecido a eso que le permitían sus condiciones.

Joel Dobbs explicó que, en su labor como ejecutivo de una gran compañía de origen nipón, enfrentó muchas dificultades al intentar establecer relaciones con los japoneses. “Tanto el idioma como la cultura son un campo minado”, manifestó, “entonces se debe tener cuidado de no usar palabras que no sean básicas. Las relaciones se complican aún más porque la mayor parte del trabajo se realiza con la intermediación de traductores que hacen que la interacción se torne más impersonal todavía. Descubrí que al compartir las comidas y al hacer un verdadero esfuerzo por probar y disfrutar algunos de los platos exóticos de su menú se daba un gran paso hacia la consolidación de las relaciones”.

Cuando te das cuenta de que existe una brecha entre tú y las personas con las que intentas relacionarte, es sabio que intentes trasladarte mentalmente al mundo de ellos, si es que no te es posible hacerlo de forma física, y que luego busques algo en tu pasado y experiencia con lo que puedan identificarte. Esto mismo hice en los ochenta cuando mi liderazgo y desempeño como ministro de la iglesia comenzaban a gozar de reconocimiento en todos los Estados Unidos. En esa época, el instituto Charles Fuller organizaba un curso para pastores de las iglesias más pequeñas del país denominado “Cómo romper la barrera de los doscientos”. Recibí una invitación para disertar en esas sesiones y supe que me enfrentaría a un desafío. La iglesia que dirigía en ese momento contaba con más de 2500 congregantes. ¿Cómo para relacionarme con los pastores de congregaciones pequeñas cuando en la mía había miles de asistentes más? Más aún, ¿cómo podía ayudarlos a que se identificaran conmigo?

Dediqué mucho tiempo a pensar en sus mundos, sus retos y sus aspiraciones. Entonces se me ocurrió una idea: mi iglesia de Hillham sería nuestro punto de coincidencia. Era la iglesia más pequeña y había logrado superar los doscientos fieles gracias a mi conducción. Les mostraría cómo lo había conseguido, y mis colegas serían capaces de identificarse con mi experiencia y de desarrollar una estrategia. Mi táctica funcionó. Logramos establecer una relación durante las sesiones, ellos aprendieron gracias a mi experiencia, y miles de pastores lograron expandir sus iglesias.

Si no sabes cómo salvar la distancia que se produce en la comunicación, no intentes hacerlo hablando de ti. Por el contrario, comienza por ponerte en el lugar de los otros y ver todo desde su perspectiva. Adáptate a ellos; no esperes que ellos se adapten a ti.

John C. Maxwell

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