¡Dios quiere que su Iglesia sea una familia!

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Descuerdo el diseño de Dios, la familia se extiende más allá de los familiares biológicos. La Iglesia no es un edificio o una organización, sino que es un cuerpo de creyentes que componen una familia. El mundo intenta caracterizarnos por raza, género, edad, nivel socioeconómico, apariencia exterior, y toda clase de otros factores que realmente no definen quiénes somos, pero la Iglesia es un lugar en donde todas las etiquetas debieran desaparecer y ser remplazadas por la unidad que tenemos en Cristo.

“Ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28).

Como familia, nuestro amor es aquello que nos define.

Jesús nunca pretendió que a sus seguidores se los identifiquen por su apariencia o por las calcomanías en sus coches. El ADN de la familia de Dios es simplemente el amor. Debemos amar a Dios y a nuestro prójimo. De esa manera el mundo conocerá que somos parte de la familia de Dios.

            “El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos” (Juan 13:35).

Como familia, necesitamos cuidarnos mutuamente.

Dios perfiló a la Iglesia a fin de suplir las necesidades de cada persona que la compone. Desde el aspecto financiero, relacional y emocional, necesitamos apoyarnos los unos con los otros y trabajar juntos para llevar esperanza y sanidad también a las personas que están fuera de la Iglesia.

“Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos el bien a todos, en especial a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:10).

Dios quiere que pertenezca a su familia.

Quizá sienta que no pertenece a ningún lado, pero usted fue creado para ser parte de la familia de Dios. Se comienza acercándose a Jesús por medio de la fe.

 “Pues todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo es mi hermano y mi hermana y mi madre” (Mateo 12:50).

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