Dios: Señor, Veraz y Amor. 2da parte

368

Podemos estar seguros que lo que Dios asegura se ha cumplido, se está cumpliendo y se habrá de cumplir. Bien lo asegura Balaam en Números 23.29: Dios no es hombre,  para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta.  Él dijo,  ¿y no hará?  Habló,  ¿y no lo ejecutará? Por ello, los creyentes debemos asegurarnos que lo que creemos es lo que Dios ha dicho y que creemos lo que Dios ha dicho. Aunque parece lo mismo, no lo es. Uno de los grandes problemas de la fe cristiana es cuando esta se contamina con creencias, sentimientos y convicciones que no tienen sustento bíblico. La mayoría de las personas asumen que con creer sinceramente es suficiente. No hay tal. En cuestiones de la fe cristiana sólo nos es dado creer lo que el Señor ha dicho, su verdad y no la nuestra.

Hay una disposición a creer aquello que nos agrada y que se ajusta a nuestra lógica difusa. Al no poder distinguir lo que es fruto de nuestro deseo y la verdad, terminamos confundidos. Isaías (30.10 ) nos advierte respecto de la inclinación humana a creer sólo aquello que resulta complementario a la manera de pensar de quienes no hacen suyo el señorío de Dios: A los videntes dicen:  “No tengan visiones”, y a los profetas: “No nos cuenten revelaciones verdaderas; háblennos palabras suaves; no nos quiten nuestras ilusiones. Pablo advierte a Timoteo (2Timoteo 4.2ss): Porque va a llegar el tiempo en que la gente no soportará la sana enseñanza; más bien, según sus propios caprichos, se buscarán un montón de maestros que solo les enseñen lo que ellos quieran oír. Darán la espalda a la verdad y harán caso a toda clase de cuentos. Por ello, le pide a Timoteo que este se mantenga sobrio y que predique el mensaje, y que insista cuando sea oportuno y aun cuando no lo sea. Igual disposición debemos tener nosotros.

La tercera cualidad de Dios, para algunos el atributo clave para la comprensión de su carácter, es que Dios es amor. Cuando Juan hace tal aseveración recurre al testimonio personal de su experiencia  (1Juan 4:16): Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor;  y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. Lo primero que el escritor sagrado nos revela es que el amor de Dios puede ser conocido. Si Dios es amor, entonces podemos tener trato y comunicarnos con él. La unicidad de Dios, es decir su manera de ser única, hace posible que aunque él es Espíritu, nosotros podamos establecer una relación con él. Podríamos utilizar el término persona, para referirnos a él, aunque no es suficiente. El hecho es que todos, creyentes y no creyentes, no sólo podemos estar, sino que estamos en relación con Dios.

Pero, dado que Dios es amor, hay una manera de relación particular, única, entre aquellos que le sirven y creen y el Señor. Esta está determinada por su benevolencia. El término bíblico ágape, que traducimos como amor, se refiere al afecto y la benevolencia de Dios para con los suyos. En esencia ambos términos resultan sinónimos, se refieren a la inclinación favorable de Dios hacia los suyos. El término benevolencia agrega el concepto de buena voluntad. Esto revela el trato favorable que Dios tiene en favor de su pueblo, de su Iglesia. Aún en medio del castigo o de las consecuencias que por su pecado los creyentes sufran, Dios asegura en Isaías 60.10, en mi ira te castigué, mas en mi buena voluntad tendré de ti misericordia.

Terminemos diciendo que el Dios que es el Señor y que dice siempre la verdad es, también, un Dios de misericordia, se compadece de nuestros trabajos y de nuestras miserias. Por ello, a quienes nos hemos apartado de Dios en alguna circunstancia de nuestra vida y aún a aquellos que no han querido estar cerca de él hago una misma invitación, que nos volvamos a Dios, le reconozcamos como nuestro Señor y confiemos en la verdad de su palabra. A que reconociendo su manera única de ser, tal como lo sintetiza 2 Crónicas 6:14: Jehová Dios de Israel, no hay Dios semejante a ti en el cielo ni en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia con tus siervos que caminan delante de ti de todo su corazón. Así seremos testigos de que de día mandará Jehová su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo, y mi oración al Dios de mi vida. Salmos 42.8 Amén.

Vida y Palabra. Ministerio Casa de Pan

 

 

Deja tus comentarios