Dos cuerpos envejecidos

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La lógica no está en la capacidad  de discernir las cosas espirituales. El lenguaje espiritual solo puede conocerse espiritualmente. La actitud que debemos tener cuando se habla en términos de milagros, es de obedecer con toda sumisión. ¿Es fácil? No, pero si es posible.

En el evangelio de Lucas se relata una historia que puede ilustrar con mayor claridad lo que deseo expresar. Se trata de un sacerdote llamado Zacarías, casado con una mujer estéril llamada Elizabeth. Este matrimonio, dice la Biblia, andaba irreprensible ante los ojos de Dios, y cumplían con todo su corazón sus mandamientos.

Dicen las escrituras que ejerciendo el sacerdote Zacarías le tocó ofrecer el incienso en el santuario del Señor. Estando él en el lugar santo se le apareció el ángel Gabriel con un mensaje de parte de Dios. Le informa que Dios ha oído su oración, y su esposa tendrá un hijo. Comienza a decirle, en profecía, que cuando el niño nazca habrá mucho gozo y alegría, y que será lleno de Espíritu Santo aun en el vientre de su madre.

 Después de que el ángel Gabriel termina de decirle estas cosas nota la respuesta de Zacarías: “¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada. Lucas 1:18

Zacarías no creyó nada de lo que el ángel Gabriel le dijo, a pesar de que él estaba orando a Dios para tener un hijo con su esposa. Lamentablemente; así como Zacarías, hay muchos cristianos hoy en día, que le están orando a Dios por muchas cosas, pero no creen de corazón que Dios puede responder a sus oraciones. Oran para ver si tienen “suerte”. Ellos se arrodillan ante Dios tradicionalmente, pero no hay una convicción de que Dios puede hacer cualquier cosa.

La duda y la incredulidad nacen cuando no se está plenamente convencido de que lo que Dios dice es verdad. Zacarías colocó en primer lugar los cuerpos envejecidos de él y el de su esposa, antes de lo que Dios le había dicho.

 Robert Vargas. Pastor, maestro y conferencista.

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