¡Educación de los hijos! 2da Parte

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El resultado de todo esto es que se pretende prohibir por ley predicar el evangelio,  salvo  en  los  lugares  destinados  para  ello  y  decididos  por  el estado. No  se  tolera  ninguna  manifestación religiosa,  especialmente  la cristiana, para no molestar a otras, especialmente la musulmana. Nuestros gobernantes legislan en contra del cristianismo y a favor del islamismo. Los medios de comunicación, actores y gentes de cultura nunca se atreven a provocar  la  sensibilidad  de  los  seguidores  de  Mahoma,  pero  denigran, desprecian y ridiculizan toda manifestación que tenga que ver con el Dios de la Biblia. El resultado de todo ellos cuál es. Una sociedad en decadencia, embrutecida por la inmoralidad, promiscua en lo sexual, sin respeto a la autoridad  (padres,  maestros,  agentes  del  orden,  gobernantes),  crisis económicas sin parangón, codicias necias y engañosas, idolatría del dinero, idolatría  del  ego,  superficialidad, la cultura de la  apariencia  y  el  culto  al cuerpo,  debilidad,  hijos  maltratadores  de  sus  padres.

Mientras  tanto  un ejército de Alá, en forma de emigrantes, con sus mezquitas instaladas sin un  mínimo  de  control  por  las  autoridades,  llenan  nuestras  ciudades invadiéndonos con más de 20 millones en Europa, dispuestos a no respetar las  leyes  del  país  de  acogida,  aprovechando  el  estado  del  bienestar,  en muchos  casos  de  manera  abusiva,  y  cuya  fidelidad  primera  y  última  es hacia las leyes del Corán y la Sharia, aunque éstas choquen frontalmente con la  cultura  o  sistema  de  valores  predominantes  en  las  sociedades occidentales. ¡Cómo me recuerda este panorama al de la caída del Imperio Romano! Lo último que he sabido en este sentido es el surgimiento de una “nueva religión” llamada Crislam, que pretende conciliar el dios del Islam con el Dios de la Biblia, diciendo que son un mismo Dios, falso. Alah es el nombre de uno de los muchos ídolos que se adoraban en Arabia antes de la llegada de Mahoma, y el Dios de la Biblia es el Dios de Israel, revelado al pueblo de Israel y a través del Mesías judío, Yeshúa, a todas las naciones.

Bíblicamente  hablando,  el  hombre  no  es  de  fiar.  Su naturaleza  es  mala desde la caída en pecado. El pecado le domina gradualmente mientras se va desarrollando en su vida ya en los primeros días de su existencia. De ahí que  las  sociedades  democráticas  modernas  establecieran  la  división  de poderes  para  contrapesarlos,  y  no  caer  en  el  abuso,  el  dominio,  y  la corrupción innata en el ser humano. Está escrito: “He aquí, en maldad he sido  formado,  y  en  pecado  me  concibió  mi  madre”  (Salmo  51:5). “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos, 3:23). “La  necedad  está  ligada  al  corazón  del  muchacho” (Proverbios 22:15).

Pastor Virgilio Zaballos

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