¿Efecto de la muerte espiritual y la falta de relación con Dios?

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Es que los atributos gloriosos, que Dios había dado al ser humano en el Edén, se convierten en necesidades vitales que tratamos de satisfacer a toda costa.

Antes éramos Aceptos y nos sentíamos amados, ahora nos sentimos rechazados: tenemos la necesidad de sentirnos amados y aceptados, de pertenencia. El pecado trajo conflicto en las relaciones humanas, vemos ya a Caín matando a Abel.

La inocencia se tornó en vergüenza y culpabilidad, así que tenemos la necesidad de restablecer un sentir de valor propio y pureza. Una mala imagen de sí mismo y la desvalorización han sido producto del pecado. El valor propio no debe depender de cuan ricos, inteligentes o buen físico que tengamos, todo esto lo podemos perder en un momento. El valor propio es un asunto de identidad, de reconocerme hijo de Dios y saberme perdonado y santificado (2 Tim. 1:12; Gal. 4:7).

La autoridad con la cual había sido investido el ser humano antes de la caída fue reemplazada por debilidad e impotencia. Lucha por el poder y el control. Creemos que somos dueños de la vida. El alma fue hecha para funcionar sirviendo a Dios. Su deseo es restaurar nuestra autoridad, que seamos colaboradores de Él y que gocemos de un sano concepto de nosotros mismos (romanos 12:3; Filipenses 2:3-11)

Dios es el punto de referencia de la verdad, no el hombre La rebeldía y la conducta pecaminosa es una forma equivocada de búsqueda de identidad y de suplir nuestras necesidades básicas (Colosenses 2:8-10)

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