¡El deseo de relacionarse!

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Estoy convencido de que casi todo el mundo puede aprender a establecer vínculos con los demás. ¿Por qué? Porque yo mismo aprendí cómo hacerlo. Relacionarme con los demás no era algo que me saliera de manera natural. De niño, deseaba comunicarme con mis padres, no solo porque los quería, sino porque sospechaba que, si tenía una buena comunicación con mi madre, quizás me salvaría de alguna zurra cuando me portase mal.

También aprendí que el humor podía resultar muy útil a la hora de relacionarme con alguien. Recuerdo que en una ocasión, Larry, mi hermano mayor, y yo, nos metimos en problemas, y la risa nos salvó. A menudo, cuando nos castigaban, nos hacían inclinar sobre una silla. Luego mi mamá nos daba un par de azotes en el trasero con una espátula de cocina. Como Larry era el mayor, le solía tocar primero; en una ocasión, cuando mi mamá le asestó el primer golpe, se oyó un sonoro pum y del tarsero de Larry salió una nube de polvo. ¿Cuál es la explicación? Larry tenía un rollo de municiones para pistola de juguetes en el bolsillo trasero. Mi mamá pego un alarido. ¡Todos terminamos riendo y lo mejor del asunto fue que ese día no me castigaron! Durante tres semanas llevé municiones de juguete en los bolsillos traseros, por si acaso.

Cuando fui un poco mayor y comencé a ir al colegio, me di cuenta de que algunos niños se relacionaban con los maestros mientras que yo no le hacía. En primer grado, la alumna que se relacionaba con los profesores era Diana Crabtree. En segundo grado era Elaine Mosley, y en tercero, Jeff Ankrom. Yo notaba que los maestros los adoraban; quería que mis maestros me adorasen a mí también y comencé a preguntarme qué es lo que hacían mis compañeros que yo no hacía.

Durante los primeros años de secundaria sucedió lo mismo cuando me probaron para el equipo de basquetbol logré entrar, aunque no pude comenzar a jugar a pesar de que yo era mejor que dos de los otros jugadores novatos. Sentía que había una barrera invisible que me impedía llegar a donde me proponía. Me sentía frustrado. Me preguntaba por qué esos estudiantes le agradaban al entrenador Neff más que yo y descubrí que habían establecido una interacción con el entrenador el año anterior, cosa que yo no había hecho. Lo que me impedía avanzar era mi falta de relación.

¿Alguna vez experimente algo similar? Quizás eres la persona más talentosa en tu trabajo y sin embargo no logras que te asignen ese proyecto que deseas. Tal vez te esfuerzas y eres productivo, más parecería que los demás no valoran lo que haces. Quizás deseas entablar relaciones con las personas que te rodean pero, al parecer, no te escuchan del mismo modo en que escuchan a otros. Puede que desees formar un grupo de trabajo eficaz, o simplemente ser parte de un buen equipo, no obstante, te sientes excluido. ¿Cuál es el problema? La relación. Para tener éxito con los demás, debes ser capaz de relacionarte con ellos.

Finalmente, en el bachillerato, comencé a aprender algo al respecto. Margaret (mi esposa) y yo nos hicimos novios en ese entonces. Ella era muy popular y, además de mí, había otros tres jóvenes interesados en Margaret. A decir verdad, ella tenía sus dudas con respecto a mí. Yo siempre intentaba impresionarla, pero desconfiaba cada vez que me deshacía en elogios. “Mmm” solía decir. ¿Cómo puedes decir eso? ¡No me conoces tanto!

¿Cómo hice para seguir en la carrera? ¡Decidí establecer una relación con su madre! Una vez que me gané la madre, conseguí un poco de tiempo para ganarme a su hija. Cada vez que hacía laguna estupidez debo admitir que eso ocurría demasiado a menudo, la madre de Margaret me defendía. Así gané la confianza de Margaret y, algunos años más tarde, gané su mano en matrimonio.

Para el momento en el que ingresé a la universidad, ya era muy consciente de la importancia de relacionarse con las personas. Sabía que esa marcaba la diferencia entre el éxito y el fracaso. Noté que quienes creaban lazos con los demás tenía mejores relaciones, padecían menos conflictos y obtenían más logros que aquellos que no lo hacían. ¿Alguna vez oíste hablar de esas personas cuyas vidas parecen tocadas por una varita mágica? Por lo general, son las que aprendieron a establecer relaciones con los demás. Cuando interaccionas con otros, accedes a un lugar que te permite aprovechar al máximo tus aptitudes y tus talentos. Cuando no lo haces, debes vencer muchos obstáculos sólo para llegar a un lugar promedio, un punto de partida neutral.

Yo partía de una posición de desventaja. Durante mis años de universidad y el comienzo de mi vida profesional, era muy ambicioso y tenía objetivos definidos, pero mi incapacidad para relacionarme con los demás era un obstáculo que me impedía alcanzar el éxito.

John C. Maxwell

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