El valor para cambiar

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¿Conoces la Oración de Serenidad que se hizo famosa gracias al teólogo Reinhod Niebuhr y que fue adoptada por muchos programas de recuperación de doce pasas? Dice así:

Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, aquellas que sí puedo y la sabiduría para reconocer la diferencia.

Esta plegaria describe cómo me sentí cuando me di cuenta de mi incapacidad para relacionarme con los demás. Sentía que estaba atascado entre mi sensación de influencia y mi deseo de cambiar. Lo que necesitaba era reconocer la diferencia entre lo que podía y lo que no podía mejorar. No bastaba para reconocer que no podía lograrlo, si no que podía mejorar y modificar y mejorar en esta área fundamental de mi vida, el éxito me estaría vedado por siempre. Quería ser capaz de relacionarme todo el tiempo, no solo de forma ocasional y al azar. Por esa época, evalué mis habilidades a la hora de comunicarme descubrí lo siguiente:

Había cosas que podía cambiar, pero no sabía cómo hacerlo

Me daba cuenta de que no creaba lazos con los demás, mas no comprendía por qué no lograba hacerlo ni sabía cómo solucionarlo. Deseaba que alguna persona de mi entorno pudiese ayudarme, sin embargo, aquellos a los que podía recurrir tampoco se relacionaban con el prójimo. Lo bueno de esa época fue que me sirvió para comenzar a pensar en cómo resolver el problema.

Mi capacidad para sobrellevar los problemas era superior a mi capacidad para establecer relaciones

¿Qué haces cuando fracasas o cuando te sientes frustrado? La mayoría de las personas se desmorona, sobrelleva la situación o cambia. Por suerte, tuve una buena crianza, tengo una imagen positiva de mí mismo y una actitud favorable. Esto me permitía sobrellevar las situaciones. Por desgracia, sobrellevar no significa avanzar, sino que es una actitud de naturaleza extática y defensiva, es una reacción. Con el solo hecho de sobrellevar un problema  no se logra nada; es una postura que simplemente sirve para mantenerse a flote. Lo que yo quería era cambiar.

Para comunicarte de manera eficaz y liderar a otros, debes tomar la delantera. Debes tener iniciativa. Debes hacer algo más que sobrellevar la situación. Esto es algo de lo que tomé conciencia. Si quería avanzar, liderar a otros y estar al frente de una organización exitosa, debía hacer algo más que sólo sobrellevar los problemas necesitaba ser capaz de relacionarse con la gente.

Deseaba distinguirme, no sólo saber que existía una diferencia

Hay momentos en la vida en los que nos damos cuenta de que hay cosas que no podemos hacer. En esos momentos, debemos decidir entre aceptar o luchar. Yo decidí luchar. ¿Por qué? Porque quería marcar una diferencia en la vida de los demás y sabía que si no aprendía a relacionarme con otras personas mi capacidad siempre sería limitada. No tenía intención de convivir con mis defectos, quería hacer algo al respecto.

Necesitaba algo más que valor para cambiar las cosas: necesitaba habilidad para relacionarme

A decir verdad, la Oración de la Serenidad era un poco pasiva para un líder como yo, que por naturaleza tiene iniciativa. Quería algo más que el simple valor para reconocer y aceptar la diferencia entre lo que podía  y no podía cambiar. Deseaba tener el valor, la energía y la capacidad para realizar los cambios necesarios para convertirme en quien deseaba ser: alguien capaz de establecer buenas relaciones para así ejercer una influencia positiva en la vida de otros. Quería aprender a relacionarme con cualquier persona en cualquier momento.

John C. Maxwell

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