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Debemos tener presente que la salvación es cuestión de fe pura y simple. Es consecuencia de creer: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:31). Si la experiencia te resulta emocionante y sobrecogedora y va acompañada de alguna sensación intensa, puedes considerarte afortunado; pero eso no tiene ningún efecto sobre el hecho mismo. Lo que nos salva es la fe en la Palabra de Dios. Dios puso una sola condición para que nos salváramos: que creyéramos. Lo que sintamos o desistamos de sentir es irrelevante.

La Palabra de Dios no cambia, independientemente de cómo te sientas. Sigue siendo igual de efectiva e inalterable. Tu fe es lo que cuenta. Si aceptas la Palabra y la crees, sientas lo que sientas, ¡eres salvo! A la postre seguramente te invadirá alguna sensación y tendrás alguna experiencia; pero no es la experiencia ni la sensación lo que te salva; éstas se producen como consecuencia de haberte salvado.

El plan eterno se basó desde el principio en el libre albedrío, la elección personal de cada uno. Tenemos la soberana libertad de elegir entre recibir a Cristo o rechazarlo. La salvación está a tu alcance, es tuya, está a tu entera disposición. Tú tomas la decisión.

La salvación de Jesús es un don gratuito. No tienes más que extender la mano de la fe y recibirla. Es un milagro de Dios, pero basta con que la pidas para alcanzarla. Todo lo que tienes que hacer es recibir a Jesús en tu corazón. Él simplemente está esperando a que le des entrada.

Cree y serás salvo. ¡Punto! ¡Nada más! Sólo hace falta la Palabra y tu fe, ¡ninguna otra cosa! Y ya está. Si crees en la Palabra y lo recibes a Él, ¡ya está hecho! Huelga decir que si estás agradecido por el amor de Jesús y por el don de la salvación, tu diario vivir lo reflejará (Santiago 2:17,18). Así y todo, el milagro se opera en el mismo instante en que crees, antes que tengas oportunidad de manifestar tu agradecimiento o de demostrarle con tus actos el amor que le profesas.

La salvación no es un premio, no es una recompensa por algo bueno que hayas hecho o por algo malo que te hayas esforzado por no hacer; es un regalo al que no te haces acreedor ni puedes llegar a hacerte acreedor por medio de ninguna obra de carácter personal. Por gracia sois salvos, por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe (Efesios 2:8,9).

Tú sólo tienes que recibirla. A eso precisamente se refiere cuando dice: «No de vosotros». La parte que a ti te toca es de lo más fácil, tanto es así que está al alcance de un chiquillo. Consiste en recibir ese don. No es preciso que sea una experiencia emotiva. No es algo que tengas que bajar a rezos o esforzarte por obtener: simplemente aceptas a Jesús, lo recibes y sanseacabó. ¡Nada más!

No debes preocuparte por si vas a perder la salvación, ni por cómo te las arreglarás para seguir salvado. La salvación eterna por gracia significa que una vez que te salvas, eres salvo para siempre. Una vez que recibes a Jesucristo como tu Salvador, no hay más condiciones, ni requisitos, ni vueltas que darle. ¡Eres un hijo de Dios salvado! El que cree en el Hijo tiene vida eterna (Juan 3:36). Ese sencillo versículo debiera disipar todos tus temores. Tienes vida eterna, que es un don de Dios, y no la puedes perder.

También, así como no pudiste salvarte a pulso, tus propios esfuerzos de nada te servirán para conservar la salvación. Aunque la perfección te sea esquiva y te resulte inevitable cometer equivocaciones, Dios te salvará. La salvación es eterna. El Señor ya te la ha concedido, y no te la retirará jamás. Te pertenece.

Pastor David Brandt Berg (1919-1994)

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