Ser excelente en un mundo mediocre. 1ra parte

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¿Has visto un hombre diestro en su trabajo? Estará delante de los reyes; no estará delante de hombres sin importancia. Proverbios 22:29

Pienso que esta sea la razón por la que quedan pocos reyes; hay muy pocos hombres solícitos en su obra para estar delante de ellos.

A nosotros nos ha tocado vivir en una sociedad en la que promedio es excepcional, y perezoso es normal. La tendencia hoy día es buscar la senda de menos resistencia, y cuando la gestión se hace difícil, desistir. En la escuela, al nivel medio de las calificaciones obtenidas en conjunto, se les llama “la curva de eficiencia”. En nuestra sociedad, los cristianos estamos permitiendo que nuestras normas sean determinadas por la curva de eficiencia mundo.

Ya no somos “luminares en un mundo de tinieblas”, particularmente en lo que concierne a la excelencia. No somos señalados como los mejores en área alguna, incluyendo negocios, educación y trabajo, ni siquiera el área de la fe. Hemos bajado nuestras normas para conformarlas al nivel promedio de los que nos rodean. Muchos cristianos dependen más del gobierno que de Dios. ¿Por qué? Porque hemos encontrado que es más fácil adaptarse a la mediocridad que a la fuente de excelencia, la Palabra de Dios.

Por lo tanto, es vital que nosotros andemos de acuerdo con La Palabra de Dios. “Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócele en todos tus caminos, y el enderezará tus sendas” (Proverbios 3:5-6). Para esto hay que reevaluar algunas actitudes básicas.

Primero, reconocer que el mundo no se ha conformado a las normas de Dios; nos hemos conformado a la de satanás.

Segundo, reconocer que las normas de Dios no siempre son agradables porque requieren disciplina. A la larga, la disciplina da mayor libertad porque nos hace libres para servir mejor a Dios. Los límites establecidos por Dios no tienen el propósito de probarnos ni castigarnos, sino que como Dios nos hizo sabe lo que realmente nos da la paz. A fin de establecer la excelencia de Dios, primero tenemos que reconocer la falacia de las normas del mundo.

Larry Burkett        

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