Éxodo 8:10-19

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  1. –Mañana mismo –dijo el faraón. Y Moisés contestó: –Así se hará, para que sepas que no hay nadie como el Señor nuestro Dios.
  2. Las ranas se irán de tu palacio y se quedarán solamente en el río, ya no te molestarán ni a ti, ni a tus funcionarios, ni a tu gente.
  3. Moisés y Aarón salieron del palacio del faraón. Después Moisés pidió al Señor que alejara las ranas que había enviado sobre el faraón.
  4. El Señor hizo lo que Moisés le pedía, y murieron las ranas que había en casas, patios y campos.
  5. La gente recogía las ranas muertas y las amontonaba, y por todas partes olía mal.
  6. Sin embargo, en cuanto el faraón se vio libre de su problema, se puso terco y no les hizo caso a Moisés y Aarón, tal como el Señor lo había dicho.

La plaga de piojos

  1. El Señor le dijo a Moisés: –Dile a Aarón que extienda su bastón y que golpee con él el polvo de la tierra, para que se convierta en mosquitos en todo Egipto.
  2. Así lo hicieron. Aarón extendió su bastón y golpeó el polvo del suelo, y todo el polvo de Egipto se convirtió en mosquitos que atacaban a hombres y animales.
  3. Los magos trataron también de producir mosquitos por medio de sus artes mágicas, pero no pudieron. Mientras tanto, los mosquitos atacaban a hombres y animales.
  4. Entonces los magos le dijeron al faraón: –¡Aquí está la mano de Dios! Pero el faraón se puso terco y no les hizo caso, tal como el Señor lo había dicho.
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