Una familia cristiana ha de ser una familia de fe

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Algo que ha quedado en desuso, por desgracia, es el devocional familiar. Este reducto de espiritualidad dentro de la rutina y el trasiego del hogar, ha sido desplazado a los encuentros en la iglesia. El hogar, por tanto, se ha convertido en un lugar en el que el temor de Dios ya no se enseña. El mandamiento que Dios dió a Israel de educar contándole a los hijos las maravillas que Dios ha hecho en la historia del mundo, ha sido relegado a un segundo plano. La lectura de la Biblia sentados en el sofá, las oraciones fervorosas pidiendo e intercediendo los unos por los otros y la alabanza a Dios, han ido desapareciendo paulatinamente de nuestra vida privada.

Circunscribir estas prácticas al tiempo de la iglesia es sumamente peligroso. Creer que en la Escuela Dominical ya educarán a mis hijos en los misterios del evangelio, es algo que tarde o temprano pasará factura a nuestros hijos. El culto no es algo que se celebra en días señalados, sino que la familia, como primera institución, ha de dar el primer paso en casa. Las primeras comunidades de creyentes figuran como reuniones en los oikos, o casas particulares, en las que las familias se reunían para orar, alabar y estudiar la Palabra de Dios. Convierte tu hogar en un lugar de culto al Señor para que cuando vayas el domingo o el jueves puedas compartir las enseñanzas que Dios te dió y lleves a tus hermanos las manos llenas de la plenitud de Cristo.

José Porras Evangelista

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