¿Fue instaurado el matrimonio?

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No es bueno que el hombre esté solo.

Dios creó una “ayuda idónea” para Adán porque no era bueno que él estuviera solo (Génesis 2.18). La verdad de este planteamiento la vemos en la constitución física de cada hombre y mujer. Ellos son diferentes tanto en lo físico como también en lo emocional, y se necesitan el uno al otro para complementarse. Lo que le falta al hombre lo suple la mujer, y viceversa. Dios los creó para ocupar sus respectivos lugares. Dichoso el hombre y dichosa la mujer que reconoce esta sabia provisión del Creador, que la respeta y que obra dentro de sus límites para propagar el género humano.

Esto está expuesto en Génesis 1.28: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra”.

 Para la pureza del género humano “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 13.4). Entre el marido y su esposa que se aman el uno al otro las relaciones sexuales son puras y honrosas. Cuando los dos cumplen los deseos del otro les fortalece en contra de la fornicación.           (1 Corintios 7.1–5).

Para la crianza de los hijos, las cualidades más fuertes del padre unidas a las cualidades más tiernas de la madre sirven para criar y disciplinar a los niños. No hay nada que pueda ocupar el lugar de un hogar cristiano para criar a los hijos “en disciplina y amonestación del Señor”.

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