¡Fuertes son los poderes contra nosotros pero no estamos indefensos!

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Nuestros deseos son fuerzas poderosas que nos alejan de Dios. ¿Qué se debe hacer para llegar a la libertad de ellos?

Numerosos tipos de deseos habitan en el cuerpo, y la mayoría de las personas son esclavas de su propio cuerpo. Sin embargo, esto no es cierto para aquellos que pertenecen a Cristo. Estos están dispuestos a ser crucificados con Cristo por la fe en el poder que es accesible a través del evangelio. Se consideran muertos al pecado junto con todos sus deseos y pasiones que exigen ser alimentados y satisfechos. Esto hace posible que su espíritu entre en contacto con Dios, así que ellos puedan oír Su voz. ¡Esta es la vida cristiana normal! Sin embargo, parece que Pablo tuvo que confirmar esto cuando escribió a los Romanos, “Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, más el espíritu vive a causa de la justicia.” Romanos 8:10. Cuando el espíritu de Cristo, mora en nosotros y nosotros somos obedientes a él, la intención es que el cuerpo esté muerto a todos los deseos que moran en este. Esta es la única manera para que nosotros lleguemos a la vida y a un desarrollo en nuestro espíritu.

Cuando repasamos en algunos de estos deseos, por ejemplo, el deseo de honor, la envidia, la inmoralidad sexual, la ansiedad, el amor al dinero, buscar lo propio, el deseo de ser un entrometido en los asuntos de otras personas, etc., nos damos cuenta de que son fuertes poderes que habitan en una persona. Son tan fuertes que incluso las personas temerosas de Dios en el antiguo pacto eran impotentes cuando tenían que lidiar con estos deseos que habitan en la carne. ¡Como resultado surgió una gran necesidad de un Salvador y Redentor! “Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” Romanos 8:3-4. La justicia de la ley requiere que haya muerte sobre las pasiones y los deseos. Romanos 7: 7.

¡Ahora es nuestro turno! Ahora tenemos la oportunidad de entrar en Su descanso, un descanso en el cual ya no nos molestan los deseos y las pasiones en la carne. El mismo celo y determinación debe estar en nuestros corazones cuando nos encontramos con los enemigos que nos persiguen.

Fuente: cristianismoactivo.org

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