¡Nuestros hijos hacen aflorar lo mejor en nosotros!

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Ahora que mi hija se apresta a tener su primer hijo, se me ha confirmado algo que he sabido desde hace años: la maternidad y la paternidad hacen aflorar nuestras mejoras cualidades. Los nuevos padres sienten enseguida el impacto emocional y físico de la llegada del nene: los lazos de amor que se establecen nada más nacer la criatura y que se consolidan día a día; el sueño interrumpido y otros reajustes de horarios y prioridades. Se dan también, sin embargo, otros cambios más sutiles que los demás suelen ser los primeros en advertir: ese halo que rodea a los nuevos padres y que Dios reserva para ellos; y esa madurez que se alcanza a consecuencia de los sacrificios y esfuerzos realizados para satisfacer las necesidades del recién nacido.

Es difícil establecer qué produce en un hombre mayor satisfacción, si llegar a ser padre o alcanzar la casta de abuelo. Ambas son experiencias cumbre. Sin embargo, un amigo que ha alcanzado ya la nada desdeñable suma de 11 nietos me cuenta que se siente doblemente honrado a la llegada de cada uno: orgulloso de su nieto y orgulloso de los padres de la criatura.

Ya que se dieron cuenta de que voy a ser abuelo, los jóvenes padres quizá me pidan que los agracie con algún consejo sapiencial. Además de los tres de rigor —amen incondicionalmente a sus hijos; exprésenles ese cariño con frecuencia; prioricen los momentos provechosos con ellos, yo diría: dejen que desarrollen libremente su personalidad.

La mayoría de los padres anhelan que sus herederos se destaquen. Y es cierto que conviene ayudarlos a alcanzar su máximo potencial. Sin embargo, a veces es fácil caer en el error de exigirles o exigirse demasiado. Ni ellos ni nosotros alcanzaremos jamás la perfección. Aprendamos, por tanto, a celebrar sus triunfos y despreocuparnos de lo demás. Cultivemos el amor y la confianza mutua y olvidémonos de la perfección. Esa actitud contribuirá a crear con nuestros hijos lazos perdurables que resistan las veleidades de la vida. Les deseo muchas satisfacciones en su labor de padres. Y para los doblemente favorecidos, ¡muchos gratos momentos con sus nietos!

Gabriel Valdivieso. Misionero

Fuente: activated.org

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