¿Es importante la boda eclesiástica?

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En nuestra cultura, la boda por la iglesia se trata de la novia, el vestido, el banquete y la recepción, por ello es que tantas parejas van postergando esa unión. Incluso, hay casos de quienes llegaron a Cristo después de vivir años en unión libre, que siguen en ese estado por no tener recursos para realizar una recepción para invitados.

Ahora que estamos en Cristo, sabemos que el centro de una boda por la iglesia es Cristo. No la fiesta, no el vestido, no el banquete, no la novia, es Cristo. Es importante para nosotros recordar que:

Buscamos glorificar a Cristo a través de nuestra boda. La ceremonia se trata de Jesucristo, de alabarle a Él por ser parte de nuestra unión, de gratitud por darnos la oportunidad de complementarnos.

Decimos nuestros votos comprometiéndonos a representar en nuestro matrimonio el tipo de relación que Cristo tiene con su iglesia.

¡Ah! Cuando leemos esto nos da ganas de volver a casarnos ¿cierto? Y puede ser que conozcamos a alguien, (o puedes ser tú) quien está en unión libre, deseando casarse ahora en Cristo, pero a tu pareja (concubino/a) no le pasa por la mente el matrimonio, o puede ser también que solo estén casados por el civil y anhelen el casarse por la iglesia y hacer ese pacto con Dios. ¿Cómo podemos aconsejar a esa persona para que no se desanime?

Animándola a confiar en la soberanía de Dios, en no desesperarse sino orar y confiar en el Señor para que ese anhelo de su corazón sea hecho conforme la voluntad buena, agradable y perfecta de nuestro Dios.

Podemos apoyarle en oración como amigos o hermanos en Cristo para que sean el complemento y puedan desempeñar el rol que Dios dispuso para cada uno. Debemos apuntar la necesidad de que busquen orientación pastoral de modo que, en el momento adecuado, la persona hable con su futuro cónyuge de los beneficios que tendrán jurídicamente al estar casados por el civil, y de cómo el plan de Dios para el matrimonio es una bendición al complementarse uno a otro, ser uno solo ante el Señor, vivir bajo la cobertura de nuestro Dios y con su aprobación, poder confiar y descansar en sus promesas como marido y mujer.

Sin duda, ambas bodas son importantes, sea Dios guiándonos para comenzar y continuar un matrimonio que le glorifique a Él de principio a fin, para apoyar y orientar a quienes están indecisos a dar el ¡Sí, acepto!

“Por esto el hombre dejara a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne” (Efesios 5:31).

Karla Martínez. Miembro de la Iglesia Ebenezer en Puebla México. 

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