La bendición matrimonial

53

Aquellos que somos esposos, o esposas, y aquellos y aquellas que anhelan el matrimonio, y aquellos que estuvieron casados, todos compartimos una esperanza: que el matrimonio sea feliz y lleno de amor verdadero, que sea duradero, para toda la vida, y que la persona amada sea aquel príncipe azul, o la princesa de la que se han enamorado un día. Lo que en cristiano llamaríamos tener la bendición de Dios.

Sin embargo, en la sociedad, incluso en la Iglesia vemos cuantos matrimonios se rompen, y las consecuencias tristes que conllevan, no solo para los esposos, sino también para los hijos y para las dos familias. Esta ruptura es una de las estrategias primeras del diablo sobre la humanidad. El primer matrimonio que consiguió alterar y apartar del camino de Dios fue el de Adán y Eva. La estrategia fue bien sencilla, y hoy en día sigue dando los mismos frutos: apartar a la esposa del esposo en cuanto a que escuche a otro que le ofrece la posibilidad de conocimiento sin tener que respetar al marido, ni a Dios. El marido, cegado por la esposa de la que está enamorado, la sigue hasta perder su relación con Dios. No me refiero solo al hombre y a la mujer, sino al hombre o la mujer y su propia mente, y las consecuencias para su propia alma.

Pero la maniobra no se queda solo en la destrucción del matrimonio, sino que tiene como objetivo la destrucción de la humanidad, de la sociedad y de la persona. Una vez un matrimonio está roto, los hijos sufren y sus vidas se convierten en amargas, de lo cual surgen depresiones, desesperaciones, adicciones y crímenes. Por otro lado los esposos caen también en los mismos problemas, además de en adulterios y fornicaciones, corrupciones y otras tragedias. Esto afecta directamente a la sociedad. El esposo, destruido, puede ser un profesor de escuela, un juez, un político. La esposa, destruida, puede ser una cirujana, una madre sola, una directora de empresa. Como vemos, el resultado en la humanidad es devastador.

Mi propósito es que quienes lean se casen en la fe de Cristo. También lo es que los que no lo hicieron lo hagan ahora, que busquen la bendición de Dios, pues nunca es tarde y Él, como buen Padre, tiene los brazos abiertos a los que Le aman en Cristo. No hay mejor modo para llegar a ser felices en el matrimonio que ir de la mano de Dios, de regresar a Su camino, o de comenzarlo por primera vez.

Las familias del novio y de la novia también anhelan que ellos sean felices y que les vaya bien en todas las cosas, en sus vidas juntos. Si los novios o esposos desean la bendición de Dios para su matrimonio, la hallarán haciendo un pacto con Dios.

Carlos Padilla. Evangelista

Deja tus comentarios