La cuestión del regreso de Cristo.

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El postmilenarismo clásico y conservador ve la segunda venida de Cristo como un acontecimiento futuro, en consenso con el premilenarismo. Sin embargo, dentro del nuevo postmilenarismo (teonomía) hay una diferencia de opinión. Aquellos que son preteristas moderados creen que hubo una venida de Cristo en el 70 D.C, en relación con la destrucción de Jerusalén por el ejército de Roma. Esta “venida para juicio” de Cristo, sin embargo, no significa que Cristo no regrese en la segunda venida al final de la era. Otros preteristas (“radicales” o “consecuentes”) creen que la segunda venida fue en el 70 y que no habrá una futura venida de Cristo.

El postmilenarismo bíblico promueve una confianza positiva en el poder del evangelio para cambiar la vida del ser humano. Éste ve correctamente la posibilidad muy real de que Dios podría traer avivamiento ahora y de este modo contrarrestar una forma no bíblica de fatalismo. El postmilenarismo motiva a los creyentes a un activismo que puede ser benéfico para la sociedad y, de este modo, reta la “postura defensiva” que parecen poseer muchos creyentes. Sin embargo, el sistema tiene algunos problemas obvios.

Se ha desarrollado en base a la inestable hermenéutica de la espiritualización. Tiene un optimismo infundado, que no está basado en una perspectiva realista de lo que ha sucedido en los últimos dos mil años o en lo que ocurre en el presente. El mundo no está mejorando moral ni espiritualmente, ni está dominado por la cristiandad. Esta realidad básica obliga al postmilenarismo a colocar su era dorada más allá en el futuro, para darle a la iglesia suficiente tiempo para “perfilarse” y proseguir con los asuntos del reino. Además, este optimismo no puede sustentarse a la luz de varios de los pasajes de las Escrituras que hablan del aumento de la maldad en los últimos tiempos y del incremento de la apostasía y las falsas doctrinas.

La forma más nueva de postmilenarismo intenta hacer de la ley mosaica parte del mensaje de la iglesia. La ley no solo no pertenece a dicho mensaje, sino que no fue dada a las naciones de la tierra. Israel no pudo cumplir la ley, y las naciones no la harán mejor. Pero es cierto que hay una causa para el optimismo. Algún día, de repente y de manera espectacular, el Señor Jesús aparecerá y el mundo mejorará. El reino de Cristo no es introducido por los esfuerzos obedientes de los creyentes, sino por el mismo Señor Jesús. Solo Él puede destruir el reino de las tinieblas y establecer la justicia sobre la tierra      (Dn. 2:44; Ap. 19:11-21). Nuestra confianza reposa en su intervención poderosa.

Paul. N. Benware. Profesor de la División de Estudios Bíblicos de Philadelphia Biblical University

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