La distinción entre Israel y la iglesia

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La teología dispensacional enfatiza ciertas diferencias y distinciones en el ejercicio de los propósitos de Dios en el mundo. Ver estas distinciones en las Escrituras lleva la teología dispensacional a conclusiones sobre los sucesos futuros que difieren significativamente de la teología del pacto.

Hay tres elementos indispensables (sine qua non) de la teología dispensacional. Estos tres elementos son (1) un enfoque literal consecuente para la interpretación de las Escrituras, (2) una clara distinción entre la iglesia y la nación de Israel en los tratados de Dios, y (3) la gloria de Dios como el propósito final de Dios de la historia.

En este momento, el enfoque estará en el segundo elemento indispensable del dispensacionalismo, el de hacer una clara distinción entre la iglesia e Israel. Ryrie denomina a esta distinción “la esencia del dispensacionalismo”, al agregar que la distinción “surge del empleo consecuente de la interpretación normal o simple o histórico-gramatical por parte del dispensacionalismo, y esto refleja una comprensión del propósito básico de Dios en todos sus tratos con la humanidad como el de glorificarse por medio de la salvación y otros propósitos también.

La posición de la teología dispensacional es que Dios tiene un programa para la nación de Israel y otro distinto para la iglesia. La iglesia no es Israel y no se apodera de las promesas del pacto hechas a Israel. Si esto es así, Israel debe tener un futuro distinto en el programa de Dios, dado que muchas de las promesas dadas a esta nación nunca se cumplieron.

Contrario a la posición dispensacional, muchos en la teología del pacto no reconocen ninguna distinción; sino, más bien, equiparan Israel y la iglesia. Después espiritualizan las profecías dadas a Israel y las regalan a la iglesia. Las promesas espirituales abarcan a cada descendiente de Israel, “y no restringían al Israel nacional… Las promesas espirituales todavía se están cumpliendo por medio de la iglesia hoy día. Todas las promesas nacionales de Israel, o bien han sido cumplidas, o bien han sido invalidadas debido a la incredulidad”.

Sin embargo, en las Escrituras hay una fuerte evidencia de que la iglesia e Israel no son lo mismo y, por consiguiente, las promesas que originariamente fueron dadas a la nación de Israel pero no se han cumplido no se están cumpliendo con la iglesia.

Las promesas incondicionales del pacto hechas a Israel que aún no se han cumplido no solo muestran que Israel no ha sido desechado, sino que las dos entidades, la iglesia e Israel, no han comenzado al mismo tiempo. La iglesia de Jesucristo comenzó el día de Pentecostés (Hch. 2) después que el Señor Jesús recibiera la autoridad como “cabeza” de la iglesia (Ef. 1), y la nación de Israel comenzó con Abraham al momento de la concesión del pacto (Gn. 12). Esto indicaría que no se trata de la misma entidad. Además, se dice que la iglesia es un “misterio” y que es un hombre “nuevo”, términos que señalan a la iglesia como algo nuevo y diferente. El apóstol Pablo enseñó que se entra a la iglesia por medio del bautismo en el Espíritu Santo (1 Co. 12:13), que es un ministerio del Espíritu que no comenzó hasta el día de Pentecostés (Hch. 2). Hubiera sido imposible, por consiguiente, que alguien estuviera en la iglesia de Jesucristo antes del día de Pentecostés. Y finalmente, el uso actual de los términos “Israel” e “iglesia” revelan que no se usaban de manera indistinta, lo cual habla nuevamente en contra de la perspectiva de que son uno y lo mismo.

Paul. N. Benware. Profesor de la División de Estudios Bíblicos de Philadelphia Biblical University

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