La duración del reino futuro de Dios.

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Al internarse en lo profundo de una zona selvática, un habitante de la ciudad se topó con una catarata imponente. Éste  se quedó de pie para admirar aquella vista auténticamente bella, muy impresionado no solo por lo que había allí, sino también por lo que no había allí. El rugido de las aguas al caer, la asombrosa belleza y tonalidad  de los frondosos árboles verdes, los brillantes matices de la gran cantidad de flores silvestres; todas estas cosas avasallaban su percepción. Sin embargo, estaba casi igualmente impresionado por la ausencia de la basura, de embotellamientos de tráfico  y del ruido incesante de su sociedad de la alta tecnología. Lo que había allí y lo que no había allí hacía de este un momento poderoso y memorable.

La experiencia en la selva de este habitante de la ciudad será la experiencia de todos aquellos que entren al maravilloso reino futuro de Dios. Estaremos asombrados por lo que hay allí y felizmente impresionado por lo que no hay. Una vez que Jesucristo destruya los reyes y reinos de este mundo, establecerá el reino más majestuoso jamás visto en esta tierra.

Daniel reveló que cuando el Señor establezca su futuro reino no solo se pondrá fin a todos los reinos humanos, sino que será un reino que durará para siempre; “el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo… pero él permanecerá para siempre” (Dn. 2:44).

Este reino futuro de Dios tendrá dos fases distintas. La primera fase es el reino milenario de Cristo, y la segunda fase es el estado eterno. Se dice que el reino (mesiánico) milenario son mil años en Apocalipsis 20:4-6. El hecho de que esta cantidad se repita seis veces en este pasaje indica que esta figura debe entenderse literalmente. La segunda fase del reino futuro de Dios es eternal.

El propósito del reino futuro de Dios

Cuando Dios creó a Adán y Eva, les dio “dominio” sobre la tierra, al establecer el reino teocrático en el Edén (Gn. 1:26). Sin embargo, cuando Adán y Eva pecaron, ellos no solo abandonaron a Dios, sino que le entregaron la autoridad gobernante a Satanás (cp. Lc. 4:6). Desde aquel momento, Satanás ha funcionado como el príncipe de este mundo (cp. Jn. 12:31; 14:30; 16:11; 2 Co. 4:4; 1 Jn. 5:19). Las escrituras revelan una y otra vez la determinación de Dios de establecer su autoridad sobre la tierra a través del Mesías, el Hijo de Dios (p. ej. Sal. 2:7-9; Is. 2:2-4; 9:6-7; 11:1-5).

El gran propósito de Dios al establecer su reino futuro en esta tierra actual es cumplir las diversas promesas que Él dio en las Escrituras y demostrar claramente a toda la creación que solo Él es Dios soberano. Fue en esta tierra que Dios fue aparentemente derrotado (en el Edén y en la cruz), y es en esta tierra donde Él debe alcanzar una victoria manifiesta al derrotar a todos los usurpadores y establecer su dominio. Estrechamente relacionado con esto se halla la necesidad de cumplir las promesas específicas del pacto con Israel. Las promesas dadas en el pacto Abrahámico, palestino, davídico y el nuevo pacto se cumplirán en el reino milenario. El propósito del reino milenario (mesiánico) tiene que ver con el cumplimiento de estos pactos hechos con Israel. La segunda fase (eternal) del reino futuro de Dios afirmará la soberana autoridad del gobierno de Dios sobre un cielo nuevo y una tierra nueva.

Paul. N. Benware. Profesor de la División de Estudios Bíblicos de Philadelphia Biblical University

 

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