¡La familia! 2da parte

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Todas  las  generaciones  han  tenido  sus  mentiras  acerca  de  la  familia, algunas se han mantenido en el tiempo, como por ejemplo el machismo. Hoy predomina el feminismo. También se dice que el hombre y la mujer son iguales;  que  una  familia  puede  ser  un  hombre  y  otro hombre;  que  los padres no deben corregir a sus hijos, sino dejar que crezcan libremente sin limitaciones para que no tengan traumas. Se pone en duda la fidelidad a la mujer de tu juventud. La virginidad. Se valora la promiscuidad sexual; las parejas de hecho, el divorcio, el aborto, la fornicación. En muchos casos se prefiere  tener  mascotas  en  casa  que  hijos.  El  cuerpo  de  la  mujer  se  ha convertido en objeto de culto y tener hijos puede estropearlo, por lo tanto pocos o ninguno. La realización personal y laboral es más importante que ser madres. El hombre elude su responsabilidad y delega en la mujer toda la carga de la educación de los hijos. Se potencia la lucha de géneros. La familia  para  toda  la  vida  es  una  especie  en  peligro  de  extinción.  En definitiva, predomina la mentira sobre la verdad de Dios, el creador de la familia.

La  familia  es  una  institución  divina,  ha  sido  creado  por  Dios  (Génesis 2:7,18-25)  (Mateo  19:4,5).  Es  la  base  fundamental  sobre  la  que  se sustenta la sociedad. Si la familia falla o se deteriora, la sociedad sufre sus efectos.

Cristo es la restauración del individuo, de la vida familiar y de la sociedad. Él ha venido a este mundo con el propósito de bendecir a todas las familias de la tierra. Es la simiente prometida a Abraham, enviada para restaurar lo que Adán y Eva rompieron (Hechos 3:25,26) (Gálatas 3:8).

Dios creó un ser humano: Adán. De este fue creada la mujer. Ambos son uno en su origen (Gn.2:21-25). Toda la humanidad ha salido de un hombre y de una persona. La mujer salió del cuerpo del hombre. Después van a salir los hijos del cuerpo de la mujer. Todos hemos salido de Adán. La mujer es  ayuda  idónea,  y  ambos  complementarios.  El  desorden  del  pecado produjo los desequilibrios y abusos que se han vivido después.

En Cristo volvemos a recuperar el orden sin dominio de uno sobre el otro. “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente  linaje  de  Abraham  sois,  y  herederos  según  la  promesa” (Gálatas  3:28-29).  Le  pedimos  al  Señor  que  abra  los  ojos  de  nuestro entendimiento  para  poder  ver  Su  voluntad  para  nuestras  vidas  como familias. Con este propósito hemos preparado el manuscrito que tienes en tus  manos.

Pastor Virgilio Zaballos 

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