La familia y sus adicciones. 1ra Parte

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Resulta de particular importancia el énfasis que diversas autoridades y organizaciones no gubernamentales han venido haciendo en los últimos días respecto del incremento del uso del alcohol por niños y adolescentes. Las cifras oficiales resultan de suyo alarmantes, además el hecho de que la edad promedio en la que los niños inician el consumo regular del alcohol, los diez años, evidencia el papel en que tal problema juegan las familias disfuncionales.

En efecto, los investigadores nos dicen que en no pocos casos son los mismos padres los que inducen a sus hijos menores a iniciarse en el consumo de las bebidas embriagantes. Por ejemplo, Ernesto Macareno Alvarado, funcionario de ISESALUD (Instituto De Servicios De Salud Pública Del Estado De Baja California), asegura: es muy común que en algunas de nuestras familias el papá le dé incluso a probar cerveza o algún bebida alcohólica al niño y que no se vea esto como algo malo o negativo. Esto tenemos que cambiarlo, pero no es fácil cambiar algunos aspectos culturales y estilos de vida.

Agrega el investigador: el alcoholismo es una enfermedad progresiva, que no tiene cura, pero se puede detener.  Que un niño consuma bebidas alcohólicas puede provocar en el organismo severos trastornos de salud. La cirrosis y los accidentes son la principal causa de muerte a consecuencia de este mal. Son frecuentes los problemas de gastritis, de úlceras que llegan a desarrollarse, pero también resultan padecimientos del hígado que tienen como causa principal el alcohol. Otro indicador de la importancia y seriedad del problema es el hecho de que, a nivel nacional, se estima que el 42% de los estudiantes de secundaria y el 12% de los estudiantes de primaria son consumidores frecuentes de bebidas alcohólicas, especialmente de cerveza.

Cuando la persona inicia el consumo de alcohol en la niñez o adolescencia, se expone de manera significativa a grandes riesgos. Según Carlos Tena Tamayo, titular de la Comisión Nacional contra las Adicciones (CONADIC), los jóvenes que consumen alcohol a temprana edad tiene tres veces más de posibilidades de convertirse en una persona dependiente, además, su cerebro no se desarrollará plenamente, tienen dieciséis veces más posibilidades de consumir otras drogas y enfrentarán diversas enfermedades tales como las hepáticas y las del corazón y el cerebro.

Si bien el alcoholismo se ha considerado tradicionalmente como un asunto de hombres, el hecho es que en los últimos años esta práctica se ha recrudecido entre el sexo femenino. 45% de los alcohólicos son mujeres. En nuestro país, el alcoholismo ocupa el tercer lugar entre las causales de muerte de las mujeres de entre 35 y 45 años. Algunos investigadores estiman que el número de mujeres alcohólicas han superado al de los hombres, con las consecuencias obvias que esto acarrea a los procesos de desintegración familiar. Alrededor del 90% de las mujeres alcohólicas son casadas y el 80% de ellas tienen hijos. Un dato importante es el que considera como especialmente vulnerables ante el alcoholismo a las mujeres solteras, las sin religión, las trabajadoras y las que enfrentan distintos grados de soledad.

El alcohol produce efectos más rápidos y graves en las mujeres que en los hombres. Diversas investigaciones indican que entre los problemas adicionales que el alcoholismo ocasiona entre las mujeres están: el abandono de sus responsabilidades hogareñas, sobre todo en lo que tiene que ver con la atención de los hijos, así como el maltrato violento y el abandono funcional de los mismos. En el caso de las mujeres embarazadas, el alcohol puede provocar malformaciones genéticas en el feto. Asimismo, el alcohol provoca una alteración de la menstruación y posibilita la menopausia precoz, además de que favorece el desarrollo de cirrosis hepática, demencia y los intentos de suicidio.

Vida y Palabra. Ministerio de Casa de Pan

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