La iglesia y el reino de Dios.

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Debería quedar claro que la iglesia y el reino de Dios no son términos equivalentes. Aunque algunos usan los términos como si fueran intercambiables, no deberían usarse de ese modo. No deberían confundirse ciertas diferencias claras e indiscutibles. Pero ello no se niega cualquier relación entre la iglesia y el reino de Dios. La iglesia tiene una relación con determinados aspectos del reino.

La iglesia es parte del reino universal, dado que la iglesia es parte de la creación sobre la cual Dios rige. La iglesia es el reino de Dios espiritual en esta presente era, aunque el reino de Dios espiritual existía antes que comenzará la iglesia en Pentecostés y seguirá existiendo después que la iglesia sea llevada de la tierra en el arrebatamiento. Pero la iglesia no tiene parte en el reino teocrático, dado que el reino comenzó en el monte Sinaí e incluía solo a la nación de Israel. La iglesia es parte del misterio del reino dado que este aspecto del reino existe entre los dos advenimientos de Cristo. Pero no constituyen conceptos equivalentes, porque el ministerio del reino abarca un período de tiempo un poco más extenso e incluye a los incrédulos. La iglesia tiene parte también en los futuros aspectos finales del reino de Dios. Como la novia de Cristo, la iglesia tendrá un lugar prominente en el reino milenario así como en el reino eterno.

Los diversos aspectos del reino de Dios debería dejar claro que frases como “somos personas del reino” necesitan definirse mejor. Es importante estudiar cuidadosamente el contexto de un pasaje en el cual se encuentre la palabra reino a fin de determinar precisamente de qué verdades acerca del reino de Dios está hablando el escritor.

Pero al final de cuentas, ¡qué futuro glorioso se avecina  para los hijos de Dios! ¡Qué honor ser redimidos por el Rey y ser parte del reino de Dios presente, así como esperar con ilusión la participación en el reino de Dios eterno! Esta realidad debería motivarnos a representar a nuestro Rey de una manera excelente ahora que vivimos diariamente en “territorio enemigo”. Y ello debería motivarnos a esperar con expectativa el regreso del Rey Jesús.

Paul. N. Benware. Profesor de la División de Estudios Bíblicos de Philadelphia Biblical University

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