La promesa de Dios para el creyente

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Un ejemplo de la promesa de Dios para el creyente la encontramos en Filipenses 4:19: Mi Dios suplirá todo lo que nos falta, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Dios es el creador de todo, y Él es más que suficiente para suplir nuestras necesidades como seres humanos. Todas las necesidades de esta vida ya han sido suplidas en el reino espiritual. Jesús pagó el precio y abrió la puerta entre el cielo y la Tierra. En la Biblia se enseña que toda la sabiduría y el conocimiento están escondidos en Cristo Jesús. También se manifiesta que estamos en Cristo Jesús; y que hemos sido llenos con la mente de Cristo. Por tanto, como creyentes, tenemos el derecho de disfrutar la sabiduría y el conocimiento que habita en Él.

Lo natural y lo sobrenatural

En Salmos 42:7 leemos: «Un abismo llama a otro…». Lo veo como dos mundos diferentes el natural; es decir, el mundo físico y el sobrenatural o mundo espiritual. En el primer “abismo”, el mundo natural, no puede surgir una necesidad que no haya sido suplida por el segundo “abismo”, el mundo espiritual. La Creación no es más profunda o más desarrollada en necesidades que el Creador en respuestas. Este mundo físico nunca será más grande que Dios. Él lo creó, y Él siempre será el Supremo, el todo suficiente. Él es Dios y siempre lo será.

Cuando creó el mundo, Él planeó suplirlo conforme a sus riquezas para siempre. No obstante, Satanás se involucró en el huerto de Edén e interrumpió la relación entre Dios y el ser humano. Por esa razón, Jesús vino y pagó el precio por los pecados de la humanidad, a fin de reincorporar lo natural a lo espiritual. Satanás cortó la línea por medio de la cual Dios le suplía a la humanidad; sin embargo, Jesús vino y reconstruyó ese puente.

Preciosas y grandísimas promesas

Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que ellas lleguen a ser participantes de la naturaleza divina. 2 Pedro 1:3, 4. Estas preciosas y grandísimas promesas conforman el puente que une el reino natural de la humanidad al reino espiritual de Dios. Por medio de la Palabra, el primer abismo” llama al segundo, causando que las cosas de Dios (cosas que pertenecen a la vida y a la piedad) se manifiesten en el reino natural. Al tomar esas preciosas y grandísimas promesas, podemos ser partícipes de la naturaleza divina de Dios.

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