La restauración del carácter

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Como el Creador tiene carácter genuino, sus planes para los seres humanos no incluían permitirles languidecer en un estado en el cual carecieran de la naturaleza de Él, y experimentasen todas las consecuencias resultantes. En su felicidad y confiabilidad, Él inició un plan para restaurar la humanidad a sí mismo. Ese plan implicaba darnos una naturaleza renovada, mediante la cual podríamos de nuevo compartir su carácter y seguir coherentemente sus principios que dan vida.

Él logró su plan mediante Jesús de Nazaret, también llamado Jesús el Cristo. Dios testifico acerca de Él: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” Jesús dijo: “Yo y el Padre uno somos” Jesús era el hijo de Dios porque vino de Dios, era uno con Dios, y manifestó plenamente el carácter de Dios sobre la tierra. Uno de los discípulos de Jesús escribió sobre Él: En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios. Este era el principio con Dios. Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres… Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como el unigénito del Padre), lleno de gracias y de verdad.

Y Pablo de Tarso escribió: “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” Jesús tenía la misma naturaleza y Espíritu que Dios. Y su propósito para venir a la tierra era restaurar la imagen de Dios en nosotros. Las Escrituras son muy claras en que necesitamos una nueva naturaleza. “El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”.

Por lo tanto, Jesús vino para devolvernos nuestro carácter. Nadie puede ser restaurado a la naturaleza del Creador excepto por medio de Él. Jesús el Cristo,  como el Hijo de Dios, era el único que podía representar tanto al Creador como a sus seres creados a fin de reparar la brecha que había entre ambos y producir plena reconciliación y restauración.

Cuando Jesucristo murió en la cruz, pagó el precio por nuestra naturaleza humana caída. También pagó el precio por todas las veces en las que nosotros mismos hemos actuado de modo contrario al carácter y los principios de nuestro creador. Cuando reconocemos y aceptamos lo que Él hizo por nosotros, somos restauradores de Dios y recibimos su naturaleza en nuestro interior una vez más. Esto nos capacita para experimentar una transformación duradera mediante la cual podemos manifestar la imagen de Él y desarrollar carácter genuino de acuerdo a sus principios. En esta vida, podemos esperar experimentar un proceso de continuo crecimiento y maduración en el modo en que manifestamos la naturaleza del Creador.

Dr. Myles Munroe     

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