La trascendencia de las palabras. 2da parte

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La educación requiere determinación para llevarla a cabo. Precisa que los padres  estén  de  acuerdo  y  no  se  contradigan  delante  de  los  hijos. Necesitamos  actuar  con  valentía,  al  margen  de  nuestros  sentimientos paternales, para encarar la desobediencia, rebelión y pecado de nuestros hijos. Debemos saber que han nacido con una naturaleza de pecado. Que viven en un mundo caído bajo la influencia de los poderes de las tinieblas y que la sociedad está orientada hacia la rebelión contra Dios y los principios de Su Reino. Debemos corregir con amor y firmeza, y presentar a nuestros hijos el poder del evangelio para que ellos mismos sean transformados a la semejanza  de  Cristo.  Como  padres  necesitamos  la  gracia  de  Dios  para recibir los recursos sobrenaturales y ser modelos ante nuestros hijos, según la voluntad de Dios. Eso requiere nuestra transformación continua y la de ellos a Su semejanza. Si aprenden a obedecer a sus padres tendrán más fácil obedecer al Padre de los espíritus. El hogar es el taller de formación.

No debemos permitir que el diablo robe  nuestros hijos. Dios nos ha dado armas para esta batalla. Debemos orar, cubrir con la sangre de Jesús sus vidas para que sean guardados del mal. La educación no es un asunto de “suerte”,  si  nos  salen  bien  los  hijos  o  malos.  Debemos  dirigir  la  vida  de  nuestros hijos  en el camino de la verdad hasta que ellos mismos tomen sus propias  decisiones.  Enseñarles  a  vivir  en  victoria en  cada  uno  de  los desafíos que encontrarán en sus vidas.

Nuestros hijos son de Dios y para Dios (Ro. 11:36) (Salmos 139:13-16). Han sido llamados para servir a la justicia, no al príncipe de este siglo. Son escogidos  en  el  vientre  de  la  madre  con  un  propósito  eterno.  Han  sido santificados  por  la  fe  de  sus  padres  (1 Co.7:14).  Los  padres  somos mayordomos de Dios en relación a nuestros hijos. Somos los responsables de su integración en el Plan de Dios. Nuestra misión es cuidarlos, instruirlos y guiarlos en el camino de la verdad. Se requiere de los administradores o mayordomos que sean hallados fieles (1 Co. 4:1,2) (Lc. 16:10).  Uno de los mayores enemigos de nuestra misión es la ausencia del padre en la casa. Un  exceso  de  ocupaciones  no  es  justificación  para  evitar  nuestra responsabilidad. No podemos eludir la misión más importante de nuestras vidas. Recuerda, Dios dijo de Abraham: “Porque yo sé que mandará a sus hijos después de sí, que guarden el camino del Señor, haciendo justicia y juicio…” (Génesis  18:19).Como  padres  debemos oír las  instrucciones  de Dios y depender de Él para llevarlas a cabo con nuestros hijos.

Pastor Virgilio Zaballos

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