La voluntad de Dios para los esposos y las esposas.

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La voluntad de Dios para los esposos

El hombre temeroso de Dios, que vive de la Palabra de Dios, no rehuye su responsabilidad como marido o padre, sino que la afronta sometido a su cabeza, Cristo, para recibir la ayuda necesaria.

El marido debe amar a la esposa como Cristo amó a la iglesia (Ef.5:25-33).

El amor se da a sí mismo. Dios nos amó y nos dio a su Hijo. El marido ama a su esposa y da su vida por ella, para santificarla… por la palabra… que no tenga  mancha,  ni  arruga, que  sea  santa  e  inmaculada  (Ef.5:26,27).  Eso significa ser cabeza.

El marido tiene la responsabilidad del bienestar de su pareja. Si él mismo vive sujeto a su cabeza, Cristo, entonces puede hacer frente a este desafío.

El marido debe ser el guía espiritual de su casa, el ejemplo para su mujer y sus hijos de cómo debe seguirse al Señor.

Amar a la mujer es amarse a sí mismo (Ef.5:28,29). La mujer es gloria del hombre. La esposa es gloria del marido (1 Co.11:7).

La voluntad de Dios para las esposas

La  mujer  temerosa  de  Dios  (virtuosa),  renovada  por la  Palabra  entiende bien su lugar en la familia. No se trata de aceptar la tiranía machista, ni de ser esclava del marido; se trata de responder a la doctrina del evangelio, la doctrina de la piedad.

La  mujer  está  sometida  al  marido  como  al  Señor  (Ef.5:22-24). La mujer debe respetar al esposo, apoyarlo y complementarlo (Ef. 5:33). Todo lo que hacemos como nuevas criaturas es para el Señor, vivimos para él, lo hacemos para él (Col. 3:17, 23,24).

Dios valora más la actitud del corazón que el aspecto externo; sin embargo nuestra  sociedad  vive  más  de  la  apariencia  que  de  un  corazón  recto  (1 Pedro 3:1-7) (Pr.31:30). El culto al cuerpo es una de las grandes idolatrías de nuestro tiempo. Pensemos, por ejemplo, en la proliferación exagerada de las operaciones de cirugía estética.

Pastor Virgilio Zaballos

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