Las características propias de la relación

113

Todos los mensajes que intentes transmitir deben tener algo de ti. No se trata simplemente hablar, no pueden brindar información a secas. Tienes que ser mas que un mensajero: tú debes ser el mensaje que deseas transmitir, de lo contrario, no serás increíble ni podrás relacionarte con los demás.

¿Alguna vez tuviste que comunicarte la visión de otro? Es algo muy difícil, ¿verdad? Cuesta mucho entusiasmarse cuando se presentan ideas ajenas. No obstante, en cualquier tipo de organización en la que trabajes, eso es exactamente lo que se espera de ti, a menos que seas el director general. ¿Cómo puedes comunicar las ideas de otro con credibilidad? Antes de hacerlo, debes convertirlas en tu visión. Es decir, primero debes descubrir cuál es la influencia positiva que tiene esa visión en ti. Debes vincularte con ella de forma personal. Una vez que lo hayas logrado, estarás en condiciones de hacer algo más que simplemente transmitir información a otros: podrás inspirarlos. No puedes ser el instrumento del cambio si no experimentas ese cambio por ti mismo.

La necesidad de hacer propia una visión ajena no es sólo para los líderes y los oradores, sino también para los escritores. Para que un libro logré que los lectores se relacionen con su contenido debe ser más que un simple libro. Debe tener algo del autor, de otro modo no será auténtico ni creíble. Puede que contenga excelente información, pero si el autor no establece un lazo con los lectores, el libro será un fracaso.

Eso es lo que siempre intento hacer como escritor: incluir una parte de mí en mis libros. No comunico nada que no haya vivido y aprendido por experiencia propia. Espero que se note. Por ejemplos:

  • Desarrolle el líder que está en usted es conveniente porque yo mismo me preparé para convertirme en líder.
  • En El lado positivo del fracaso explico métodos comprobados que utilicé para superar mis propios fracasos.
  • Cuando escribí Cómo ganarse a la gente quería que el libro tuviera en los demás el mismo efecto que, en mi adolescencia, tuve en mí el libro Descúbrase como líder: Cómo ganar amigos, influir sobre las personas y tener éxito en un mundo cambiante de Dale Carnegie.
  • El libro Piense parea obtener un cambio revela a los lectores mi forma cotidiana de pensar las cosas. Mi esposa Margaret, asegura que en esta obra hay más de mí que en cualquiera de las otras.
  • La obra Las 21 leyes irrefutables del liderazgo ofrece los principios del liderazgo, probados y comprobados, que empleé para capacitar a más de cuatro millones de personas del mundo entero.

Trabajo para que cada uno de mis libros sea mucho más que un libro, mucho más que un poco de papel y tinta y un archivo electrónico que se ofrece en el mercado. Escribo cada uno de ellos y sinceramente espero que puedan ayudar a quien sea que los lea.

Si bien es importante que un mensaje sea honesto y auténtico, por supuesto que eso no basta. Tu mensaje tiene que ser mucho más que un mensaje. Debe tener valor. Debe cumplir la promesa que le hace al público. Debe tener el potencial de cambiar la vida del prójimo. Ese es mi objetivo cada vez que escribo un libro o me preparo para hablar ante un auditorio.

Varias veces al año doy conferencias en compañías y organizaciones. A menudo, suelo pedir una entrevista previa con alguien de la organización para saber cuáles son las expectativas de los que me convocan y también para recibir información sobre mi auditorio. Siempre me propongo dar algo más que un discurso. Deseo agregarle valor a las personas. Para que eso sea posible, lo que digo y lo que hago debe insertarse en el marco más amplio de los objetivos, la misión y la meta de la compañía. Siempre dedico tiempo a preparar mi presentación según las necesidades del auditorio.

Después de la conferencia, también dedico un poco de tiempo a evaluar si establecí un vínculo con el público y si ayudé a mi patrocinador. Para hacerlo, repaso los puntos de mi lista de verificación de relaciones, la que consta de las siguientes preguntas:

  • INTEGRIDAD: ¿Di lo mejor de mí?
  • EXPECTATIVAS: ¿Mi patrocinador está satisfecho con mi desempeño?
  • RELEVANCIA: ¿Comprendí al público y creé un enlace con él?
  • VALOR: ¿Di un valor agregado a las personas del auditorio?
  • APLICACIÓN: ¿Les brindé un plan de acción?
  • CAMBIO: ¿Hice una diferencia en sus vidas?

Si puedo responder a estas preguntas con un sí honesto, puedo estar seguro de que establecí una buena relación con el auditorio y de que logré recompensarlo por el tiempo que me dispensaron.

Si te dedicas a dar conferencias de forma profesional, quizás desees emplear una lista similar a la mía para asegurarte de que haces todo lo posible para establecer un vínculo con el auditorio. Sin embargo, aun cuando hablar ante otros no sea parte de tu trabajo, hay un principio que también se aplica a ti. Cuando asumes la responsabilidad de relacionarte con el prójimo y decides servir a los demás en lugar de a ti mismo, las probabilidades de que establezcas un lazo con ellos aumentan de forma sustancial. A menudo, tu actitud habla más fuerte que tus palabras.

John C. Maxwell

Deja tus comentarios