Las personas necesitan saber que depositaste muchas esperanzas en ellas. 1ra parte

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Era sabido que el presidente Abraham Lincoln, un comunicador increíble, asistía los miércoles por la noche a una iglesia que no estaba lejos de la Casa Blanca durante la época de la Guerra Civil. El predicador, el Dr. Gurley, permitía que el presidente se sentara en la oficina del pastor con la puerta abierta hacia el presbiterio para que pudiera escuchar el sermón sin tener que interactuar con los asistentes.

Un miércoles por la noche, mientras Lincoln regresaba a pie a la Casa Blanca después del sermón, su acompañante le preguntó: “¿Qué piensa del sermón de esta noche?” “Pues” contestó Lincoln, “partió de una idea brillante y fue bíblico, relevante y estuvo bien presentado”

“Entonces, ¿fue un buen sermón?”

“No” respondió Lincoln, “fue un fracaso”. Falló porque el Dr. Gurley no nos pidió que hiciéramos algo significativo”. Los comunicadores que inspiran a los demás siempre esperan mucho de su auditorio.

Cada vez que me pongo de pie frente a un grupo con la intención de transmitir un mensaje, pienso que será una buena experiencia tanto para ellos como para mí. ¿Por qué? Porque creo lo mejor de los individuos y confió en que pueden, y quieren, cambiar para ser mejores. Estoy convencido de que todos los líderes y comunicadores eficaces poseen este tipo de cualidad positiva. Piensan que pueden ayudarles a realizar cosas asombrosas. Tal como lo afirmó Steve Jobs, cofundador de la compañía Apple: “La dirección trata de persuadir a las personas de llevar a cabo tareas que no quieren realizar, mientras que el liderazgo las inspira a ejecutar tareas para las que no se creían capaces”

Cuando me dirijo a los demás, hago algo que denomino “ponerles un 10”. Con esto quiero decir que, en una escala del 1 al 10, veo a todos como “10” potenciales. Una de las razones que me motivan a hacerlo es que soy positivo por naturaleza. Creo que Dios dotó a todos de valor y de un potencial increíble. La otra razón que motiva mi optimismo es que considero que, la mayor parte del tiempo, la gente responde a las expectativas de los demás. Si creo que alguien es un 5. ¿Qué tiene de bueno esa actitud? Sin embargo, si considero que alguien es un 10 esta persona lo percibirá y es probable que reaccione de manera positiva. Si tratamos al prójimo según el potencial que puede desarrollar, se sentirá inspirado para alcanzar nuestro nivel de expectativas.

Por supuesto que esta técnica de poner mucho valor en los individuos puede llevarse a un extremo gracioso. Jacques Fortin contó que compartía con su esposa esta idea de considerar a todos un 10. Poco tiempo después de implementar este sistema, regresó a la tienda de comestibles y le dijo: “Tuve que darle un 20 a una mujer”

“¿Tan hermosa era?” le preguntó sy mujer.

“No, estaba embarazada”.

El mensaje que me escribió Bart Looper sirvió para confirmar la influencia positiva que nuestras expectativas pueden tener en los demás. Me explicó lo siguiente: “Tengo dos empleados que trabajan conmigo desde hace tres años. Tienen aproximadamente la misma edad y un comportamiento similar. Ahora me doy cuenta de que yo soy responsable de que uno de ellos tenga un desempeño mucho mejor que el otro. En algún momento durante estos tres años consideré que uno valía un 10 y el otro un 5. Los traté de acuerdo con esa calificación y se convencieron de esto. A partir del lunes por la mañana, me aseguraré de tratarlos, capacitarlos y compartir mi visión con los dos de manera igualitaria, ya que ambos tienen el mismo potencial. Sólo debo hacérselos saber”.

John C. Maxwell     

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