Las personas que se relacionan inspiran al prójimo

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Bill Hybels, fundador de la iglesia Willow Creek Community Church de Chicago, organiza todos los años una conferencia sobre liderazgo con 70000 asistentes, que participan en persona o por conexión satelital. Siempre representa un acontecimiento poderoso e impactante para los pastores y líderes cristianos, y yo tuve el privilegio de disertar allí en algunas ocasiones. En 2008, cuando Bill habló en la sesión de clausura, abordó el tema de la importancia de que los líderes inspiraban a otros. Comenzó la sesión con la siguiente pregunta:

¿Qué tanto importa en realidad si alguien está muy motivado en su trabajo y en su vida personal? Parte de mi investigación sobre cuánto influye la motivación me dejó atónito… Muchos de los estudios que leí mencionaban cifras cercanas al 40 por ciento, o incluso más altas, cuando se comparaban los desempeños de empleados motivados y desmotivados. Una diferencia del 40 por ciento en el rendimiento; algo asombroso desde mi punto de vista. Según otro estudio que leí, los empleados motivados tienen 87 por ciento menos probabilidades de dejar una organización que aquellos que no lo están… De acuerdo con muchas de estas investigaciones, las personas que se sienten motivadas en sus trabajos se ausentan muchos menos días por razones de salud, presentan muchos menos siniestros a la aseguradora, roban menos, tienen una menor cantidad de horas improductivas, etcétera, etcétera, etcétera…

La diferencia en los resultados, los productos y los logros de los trabajadores motivados y desmotivados es colosal. Pero creo que ya sabes esto por experiencia propia; eres consciente de cuánto más puedes dar si alguien te inspira.

No hay dudas: todos se benefician con la motivación. Todos quieren sentirse inspirados.

Si hago una retrospección de mi vida, puedo observar que, con frecuencia, mi energía para el trabajo dependió de la capacidad para inspirarme de la persona que lo dirigía. Mis recuerdos en este aspecto llegan hasta la escuela primaria. Me esforcé mucho más con mi trabajo escolar de quinto grado con el señor Horton que en sexto con la señora Webb. Fue así tanto en los primeros años de la escuela secundaria como en los últimos del bachillerato. Jugué con mucha más intensidad al baloncesto cuando me dirigió el entrenador Neff que cuando lo hizo el entrenador Shaw. Lo mismo sucedió con mis trabajos en la edad adulta. Dediqué mucho más tiempo a trabajar por la visión de Tom Phillippe que por la de otros líderes del mismo departamento. También aporté más dinero a la organización sin fines de lucro que dirigía Tom Mullins que a otras instituciones que poseían una misión similar. En todos los casos, ¡la inspiración marcó la diferencia! Algunas personas logran inspirarnos más que otras.

  John C. Maxwell

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