¿Leer la Biblia en tus propias fuerzas?

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Sé lo que se siente intentar leer la Biblia en un año y decaer en el intento. Por mucho tiempo lo ambicioné y simplemente no podía hacerlo… hasta que lo logré y he seguido así desde entonces. ¿Cómo puedes hacerlo también?

La rumbo para el éxito en perseverar profundizando en la Palabra, viendo su belleza verdadera, emprende por entender que no podemos hacer esto en nuestras propias fuerzas.

Es por ello que debemos orar como si necesitaras de Dios para leer la Biblia. ¡En verdad necesitas de Él! Dependemos del Espíritu Santo. Por lo tanto, haz tuyas las oraciones del salmista en el salmo 119, por ejemplo:

    “Abre mis ojos, para que vea Las maravillas de Tu ley” (v. 18), para que veas la belleza de la Palabra de tal manera que tu corazón la desee más en las mañanas que saber lo último que otros publicaron en sus redes sociales o lo que hay en la televisión.

    “Dame entendimiento para que guarde Tu ley y la cumpla de todo corazón” (v. 34), para que podamos entender cómo aplicar la Palabra en nuestro día a día.

    “Inclina mi corazón a Tus testimonios, y no a la ganancia deshonesta” (v. 36), porque somos rápidos para distraernos en vez de profundizar más en la Palabra.

Estas son oraciones que Dios se complace en responder. El Dios que dio a su Hijo por ti, ¿cómo no te ayudará a leer la Biblia hasta más de una vez durante el año? (Ro. 8:32).

Uno de nuestros mayores traspiés al pretender leer la Biblia es tratar de hacerlo en nuestras propias fuerzas en vez de hacerlo en las fuerzas que el Señor puede darnos. Pero Dios es glorificado cuando reconocemos nuestra bancarrota espiritual y dependemos de su gracia. Y Él está más interesado que tú en que profundices en su Palabra.

No olvides que Dios te ama aunque no leas tanto su Palabra como Él o tú mismo quisieran. La muestra de esto se llama Jesús. Él fue colgado en una cruz para salvarte de la condenación, resucitó, y ahora intercede por ti. No conozco mayor motivación que esta para perseverar en la lectura de la Biblia mientras nos acercamos a Dios con confianza, en oración, rogando que nos ayude a leer y contemplar.

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